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sábado, 1 de agosto de 2015

LOS AFECTOS Y EL CUERPO


Salvador Dalí fotografiado por Philippe Halsman, 1948


“Pero es en tanto incorporada como la estructura hace el afecto, ni más ni menos, afecto a tomar únicamente por lo que del ser se articula, no teniendo allí sino ser de hecho, es decir, por ser dicho en algún lado”. Jacques Lacan, “Radiofonía”, Otros escritos, p. 431.

Esta frase que la comisión de organización del cursus (1) me ha pedido que trabajara pertenece a uno de los Otros escritos de Jacques Lacan, el que lleva por título “Radiofonía” (2) y que casualmente traduje al castellano, por lo que tuve que leerlo atentamente en su momento y ésta es una ocasión para volver a hacerlo. Para los que no lo sepan, explicaré que recoge una entrevista que el periodista Robert Georgin hizo  a Lacan en junio de 1970 para la radio belga. 
En ella, Lacan responde a seis preguntas de las cuales las tres primeras interrogan de un modo u otro las relaciones del psicoanálisis y la lingüística. Y, desde un principio, Lacan pone en juego al responder la noción de estructura. 
Así, en su respuesta a la primera pregunta, Lacan la introduce para decir que el establecimiento por parte de Saussure de las dos vertientes del signo lingüístico, en el curso que impartió en Ginebra entre 1906 y 1911 (3), no se debió a que le hubieran llegado ecos del descubrimiento freudiano del inconsciente y su relación con el lenguaje, el cual había tenido lugar en Viena pocos  años antes. Tampoco se debía a que algo “flotara en el aire” –Lacan hace alusión a las ondas de la radio que es el medio por el que se difundirá la entrevista. Él remite ambos descubrimientos a que tanto Freud como Saussure tenían cierto saber sobre la estructura.
Así, Saussure encontró su teoría del signo en los estoicos, a través de Agustín de Hipona (4), pero no se limitó a encontrarla. Efectivamente, los estoicos habían enunciado la división del signo entre signans y signatum en el siglo IV a.C., pero Lacan añade que “no hicieron nada con ello”, la cosa quedó allí. Saussure, sin embargo, convirtió su teoría sobre el signo en un campo operacional que sirvió para ordenar y renovar la lingüística.
Lacan había conocido a finales de los años 40 la teoría del signo de Saussure a través de Levi-Strauss y esto tuvo una influencia determinante en el comienzo de su enseñanza, en la que asignó una prevalencia a lo simbólico que lo separó del psicoanálisis de su época. Pero el momento álgido de esta primera enseñanza se produce en torno a 1958, un año después de la reedición del curso de Saussure tal como lo conocemos hoy en día.
Esta reedición coincidirá con la publicación de su escrito “La instancia de la letra” (5). Allí vemos como Lacan adopta la teoría del signo saussuriano invirtiendo su algoritmo y mostrando así la prevalencia del significante sobre el significado (6). El significante no sirve solo para ordenar el mundo del sujeto, para construirlo, sino que él separa al hombre de la naturaleza y le hace sujeto de lenguaje: el sujeto es un efecto de lo que dice.

La estructura del lenguaje
La frase que vamos a trabajar la leemos en la respuesta de Lacan a la segunda pregunta de la entrevista (7). Y ahí vuelve a poner en juego la idea de estructura. Vamos a verlo para situar el marco de la frase. 
Robert Georgin pregunta a Lacan si es posible imaginar un día un campo que reúna al psicoanálisis, la etnología y la lingüística, dado que, en esos momentos, en que el estructuralismo domina el campo de las llamadas ciencias humanas, las tres comparten la noción de estructura.
Lacan responde diciendo que no lo hacen, es decir, que el estructuralismo y el psicoanálisis no manejan la misma idea de estructura. Al decir esto, se desmarca de dicho movimiento en el que  frecuentemente es incluido.
Al principio de su enseñanza,  Lacan había tomado, como el estructuralismo, la noción de estructura de Levi-Strauss (8), quien influido por Saussure, había planteado que una estructura tenía que cumplir cuatro puntos:
1. Una estructura presenta un carácter de sistema. Consiste en elementos tales que una modificación cualquiera en uno de ellos entraña una modificación en todos los demás.
2. Todo modelo pertenece a un grupo de transformaciones, cada una de las cuales corresponde a un modelo de la misma familia, de manera que el conjunto de estas transformaciones constituye un grupo de modelos.
3. Las propiedades antes indicadas permiten predecir de qué manera reaccionará el modelo, en caso de que uno de sus elementos se modifique.
4. Finalmente, el modelo debe ser construido de tal manera que su funcionamiento debe dar cuenta de todos los hechos observados.
Sin embargo, Lacan si bien dice deberle “mucho, sino todo” a Levi-Strauss, se desmarcará con el tiempo de él diciendo que “él tiene una idea de estructura muy distinta a la suya” (9). De hecho, Lacan tiene su propia idea de estructura.
Entre ambos hay una distinción fundamental: el estructuralismo lingüístico al abrir su campo a partir de la exclusión preliminar de toda relación del sujeto con la palabra, se prohíbe decir algo acerca de él. Sin embargo, el objeto del psicoanálisis es algo del orden de la experiencia y, por ello, el sujeto es ineliminable. La estructura, para Lacan, sería, según J.-A. Miller,  “lo que sitúa una experiencia para el sujeto que ella incluye” (10). Seguidamente este último pone de relieve dos cuestiones: la acción de la estructura, o estructuración, y el sujeto, que es un sujeto distinto del sujeto psicológico, no es sujeto del conocimiento, es un sujeto, sujetado, efecto de la concatenación significante y que, por tanto, desconoce su causa. Entonces, el inconsciente estructurado como un lenguaje es una definición unida inexorablemente a la idea de sujeto, de sujeto del inconsciente.
Volviendo a Radiofonía, Lacan precisará seguidamente algunas cuestiones sobre la estructura con la que trabaja el psicoanálisis.
“Seguir la estructura –afirma- es asegurarse el efecto del lenguaje” (11). La estructura por la que Lacan se interesa es la estructura del lenguaje y en ella vemos que el encadenamiento significante tiene un efecto, el sujeto, y un producto, el objeto.
No se puede seguir la estructura pensando que el lenguaje la reproduce a partir de relaciones tomadas de lo real” (12), que las relaciones que se dan en la estructura reproducen lo real, en el sentido que Lacan da a ese término, como categoría, es decir, como si lo real estuviera ahí dado y simplemente el lenguaje lo duplicara. Esto, señala, sería caer en el avispero del idealismo, en el sentido platónico, donde el orden de las Ideas sería el correlato del orden de las cosas.
Precisa “que estas relaciones no reproducen lo real pero que forman también parte de la realidad, en tanto la habitan con fórmulas que están allí muy presentes” (13). Por ejemplo, en psicoanálisis sabemos que la idea de realidad que cada uno tiene no es la realidad objetiva sino que viene marcada por el fantasma de cada uno que escribe las relaciones entre el sujeto y el objeto y cuyo matema es: S/ <> a. Esta fórmula no constituye una realidad objetiva ni una simple anotación teórica sino una escritura de la realidad tal y como funciona para el ser hablante, necesaria para que el analista pueda  intervenir: en lo que dice el analizante, ha de saber lo que compete al sujeto y lo que compete al objeto. Entonces el significante estructura la realidad humana.

El cuerpo afectado por el lenguaje
“La estructura se atrapa allí donde lo simbólico toma cuerpo” (12), prosigue Lacan. La estructura la atrapamos en esas relaciones de significantización del viviente. Ahí tenemos el cuerpo de lo simbólico, que Lacan agrega no hay que tomar meramente como una metáfora,  como equivalente al conjunto de lo simbólico.
El cuerpo de lo simbólico –lo simbólico- permite, precisa Lacan, que el organismo del viviente, la carne, devenga cuerpo. Ni el sujeto ni el cuerpo son datos de entrada sino un resultado de la operación de significantización del viviente por el lenguaje.
Lacan dice así: “El cuerpo de lo simbólico aísla el cuerpo, a tomar en sentido ingenuo” (15), es decir en el sentido que normalmente le damos cuando hablamos de nuestro cuerpo. Califica este sentido de ingenuo porque al referirnos a él nos aparece una evidencia, un dato de entrada, algo que siempre ha estado ahí desconociendo que la experiencia de tener un cuerpo solo nos es dada por el lenguaje. Podemos decir que todos los niños nacen con lo que se entiende ingenua, comúnmente por un cuerpo. Y, por ejemplo, puede ocurrir que un niño tenga un desarrollo muscular y motriz suficientemente desarrollado para poder caminar, sin embargo, no pueda hacerlo sin abalanzarse sobre los objetos, sin golpearse, si no tiene una organización simbólica que le pone límites y por tanto posibilita moverse sin hacerse daño. O, en otro caso, el despliegue hormonal de la adolescencia no basta para que el sujeto sepa qué tiene que hacer con su sexualidad y su cuerpo, o con otro cuerpo, ya que no hay un saber inscrito en la especie sobre ello. Esto lo podemos comprobar en general, pero particularmente en muchos casos de psicosis infantil, donde el llamado “despertar de las hormonas” en la pubertad, lleva a una masturbación compulsiva en cualquier sitio, o también al inicio de un delirio sobre lo que ocurre en el cuerpo.
Entonces, señala Lacan, es “el primer cuerpo” -lo simbólico- el que constituye “al segundo cuerpo –lo que llamamos así -, al incorporarse en él” (16). Es decir, lo simbólico se incorpora al organismo, el cual queda preso de él. Esto no es un proceso natural, una asimilación, sino una desnaturalización del viviente, algo del orden de un parasitismo -término que Lacan empleará tres años después para referirse a la relación inextricable del hombre con el lenguaje, como el mismo neologismo parlêtre, inventado por él, testimonia.
A continuación, Lacan vuelve a referirse a los estoicos. Después de haber hablado del “cuerpo” y de la “incorporación”, Lacan introduce ahora un tercer término, “incorporal”, que aquí no está utilizado como un adjetivo sino como un sustantivo, y que fue introducido por los estoicos en filosofía. Vamos a situarlo muy brevemente, sirviéndonos de la síntesis realizada por Gilles Deleuze (17).
Para los estoicos, dice este último, había dos clases de cosas:
1. Por un lado, los cuerpos, con sus tensiones, sus cualidades físicas, sus relaciones, sus acciones y pasiones; y los “estados de cosas” correspondientes, determinados por las mezclas entre los cuerpos. Solo los cuerpos existen.
2. Por otro, todos los cuerpos son causa unos para otros de efectos, ciertas cosas de naturaleza diferente. Estos efectos no son cuerpos sino incorporales. No son cualidades y propiedades físicas sino atributos lógicos o dialécticos. No son cosas  o estados de cosas sino acontecimientos.
Así dijo uno de ellos, el estoico Sexto Empírico, para explicarlo: por ejemplo cuando el escalpelo -el cuchillo que se usa para diseccionar, que es en sí mismo un cuerpo- corta la carne -que es otro cuerpo- el primer cuerpo (el escalpelo) produce sobre el segundo (la carne) no una propiedad nueva de ese cuerpo sino un atributo nuevo, algo que puede ser dicho de ella: el atributo de ser cortada. El atributo no designa ninguna cualidad real, es simplemente un resultado, un efecto (18).
El incorporal es lo que los estoicos llamaban “un expresable” y lo podemos hacer corresponder con nuestra noción de significado. Así, cuando el significante “escalpelo” entra en contacto con el significante “carne”, se articula con él, se produce como efecto, un atributo incorporal: la carne queda significada como algo que puede ser cortado.
Cuando el cuerpo de lo simbólico entra, se incorpora, al organismo, este último deviene cuerpo que puede ser dicho. Ahora creo que podemos entender mejor la frase de la que partimos:
“Pero es en tanto incorporada como la estructura (del lenguaje) hace el afecto, ni más ni menos, afecto a tomar únicamente por lo que del ser se articula, no teniendo allí sino ser de hecho, es decir, por ser dicho en algún lado” (19).

Los afectos
El afecto entonces tiene que ver con el cuerpo, no con el organismo: no es por tanto un dato primario, de entrada. El afecto tiene que ver con el cuerpo en tanto efecto de la incorporación de la estructura del lenguaje por el viviente. Si por algo está afectado el cuerpo, ya sea en la tristeza, el mal humor, el aburrimiento, la cólera, el odio  o la angustia, es en primer lugar por dicha estructura  (20).
Podemos decir, entonces, que la frase propuesta por la comisión ha sido muy bien elegida pues sitúa el marco desde el que hay que entender los afectos en psicoanálisis. Voy a tratar de decir a continuación algunos puntos más sobre ellos en general.
Con frecuencia, se ha acusado a Lacan, de que su tesis “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” los descuidaba. Es cierto que durante la primera parte de su enseñanza, consagrada como hemos dicho a la prevalencia de lo simbólico, y en la que extrae dicha tesis, se refiere poco a ellos. Pero esto no quiere decir que no los conceptualice o no los tenga en cuenta. De hecho, dedicó un seminario a la angustia. Pero, con frecuencia, comprobamos que las referencias de Lacan a los afectos abordan más bien lo que el afecto no es.
El afecto “no es el ser dado en su inmediatez, ni tampoco el sujeto en una forma bruta (…)” (21). “El afecto no es la voz del cuerpo” (22), no nos da un acceso más directo a la verdad. Las palpitaciones, la sudoración, etc., no hacen que el afecto al que acompañan sea más verdadero. En todo caso, no debemos olvidar que en psicoanálisis la verdad misma está cuestionada en tanto tiene estructura de ficción.
Esto no quiere decir que no tengamos que escuchar lo que el sujeto dice de sus afectos sino que no debemos correr a comprender ni a entender ni a empatizar, como se dice hoy en día. Por el contrario, tenemos que verificar el afecto: establecer en qué cosa un afecto es efecto de verdad (23).
No se trata de negar la importancia de los afectos, señala Lacan. Pero no se trata de confundirlos con lo que buscamos en un análisis, que está más allá de la articulación significante, lo económico, lo más opaco y oscuro, lo que está en el límite de la experiencia analítica, es decir, el goce. No hay que confundir la verdad, que compete al campo del significante y el semblante, con lo real.
Desde su Proyecto de Psicología (24), Freud siempre situó que el afecto estaba desplazado cosa que corroborará en su metapsicología, estableciendo una separación entre representación y afecto (25). Lacan sigue sus pasos también en esto. En el trauma, la representación traumática cae bajo el efecto de la represión, sin embargo, la cantidad de excitación ligada a dicha representación no sigue el mismo camino sino que queda desplazada, vinculándose a otra representación distinta de la traumática. Esto nos da una separación entre la idea y la cuota de afecto, la misma separación que hay entre el significante y el objeto a.
En este sentido, el afecto engaña. El afecto mantiene en lo imaginario la relación con el objeto. Por eso Lacan relaciona los afectos con las pasiones en Televisión (26) de las que dice que para abordarlas hay que pasar por el cuerpo que solo esta afectado por la estructura”. La relación del sujeto con las pasiones nos remiten  a la ética.
Pero si los afectos en general engañan, la angustia, en particular, queda a salvo de dicho engaño. Lacan dice de ella siempre que es él único afecto que no engaña, en tanto Freud mismo la distinguió ya en 1926 como señal de lo real (27).

Notas 
1. Intervención en el cursus de la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona El cuerpo en psicoanálisis, el 11 de mayo de 2015. Clase: “El cuerpo y los afectos”.
2. Lacan, Jacques: “Radiofonía” (1970). En: Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 430.
3. Saussure, Ferdinand de: Curso de lingüística general (1926, 1957). Madrid: Akal Editores, 1981.
4. Agustín de Hipona: El maestro o sobre el lenguaje y otros textos. Madrid: Ed. Trotta, col. “Clásicos de la cultura”, 2003.
5. Lacan, Jacques: “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón después de Freud”. En: Escritos 1. México: Siglo XXI Editores, 1984.
6. Ibidem.
7. Lacan, Jacques: “Radiofonía”, op. cit., p. 430.
8. Levi-Strauss, Claude: “La noción de estructura” (1952). En: Antropología estructural. Buenos Aires: Paidós, 1987, p. 301.
9. Lacan, Jacques: “Massachusetts Institute of technology” (2.12.1975). En: “Conférences et entretiens dans des Universités nord-américaines”. Scilicet 6/7  Paris: Seuil, 1976, p. 53.
10. Miller, Jacques-Alain. “Acción de la estructura”. En: Matemas I. Buenos Aires: Manantial, 1988, p. 8 y ss.
11. Lacan, Jacques: “Radiofonía”, op. cit., p. 430.
12. Ibid.
13. Ibid.
14. Ibid.
15. Op. cit., p. 431.
16. Ibid.
17. Deleuze, Gilles: Lógica del sentido (1969). Barcelona: Paidós, 1989, pp. 28-9.
18. Bréhier, Emile: La théorie des incorporels dans l’ancien stoïcisme (1907). Paris: Vrin, 1928, pp. 12-13.
19. Lacan, Jacques: “Radiofonía”, op. cit., p. 431.
20. Lacan, Jacques: “Televisión” (1974). En: Otros escritos, op. cit., p. 551.
21. Lacan, Jacques: El Seminario, libro X: La angustia (1962-3). Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 23.
22. Miller, J.-A: “A propósito de los afectos”. En: Matemas II. Buenos Aires: Manantial, 1988, p. 153.
23. Op. cit., p. 154.
24. Freud, Sigmund: “Proyecto de psicología”. En: Obras Completas, vol. I. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1979.
25. Ver Freud, Sigmund: “Lo inconsciente” (1915). En: O. C., vol. XIV, cap. 3: “Sentimientos inconscientes”. También “La represión” (1915), en el mismo volumen, p. 147.
26. Lacan, Jacques: “Televisión”. En: Otros escritos, op. cit., p. 550 y ss.
27. Freud, Sigmund: Inhibición, síntoma y angustia” (1926). En: Obras Completas, op. cit., vol. XX.

miércoles, 10 de abril de 2013

ALGUNOS PUNTOS A PARTIR DE LA LECTURA ACTUAL DEL ACTO DE FUNDACION DE JACQUES LACAN



Nudo árbol. Málaga. Foto de Margarita Álvarez
En la Comunidad de Catalunya de la ELP hemos inaugurado un nuevo espacio llamado: "La Escuela en el siglo XXI" (1). Se trata, en él, de reflexionar sobre la Escuela, hoy. Para este cuatrimestre hemos tomado el texto El acto de fundación (1964). Dado que el próximo año será el cincuentenario de la fundación, por parte de Lacan, de su Escuela, se trata de volver a leer el texto, de interrogarlo desde la actualidad.
Me limitaré aquí a situar algunos puntos que han ido saliendo a lo largo de las tres sesiones en relación a la letra, la lectura y la soledad del analista.

Lo inanalizable
En la primera sesión, Toni Vicens situó el contexto del Acto de Fundación (1964) y de la crisis institucional que finalizó con la exclusión de Lacan del cuerpo de docentes de la IPA en noviembre de 1963, lo que le deja en posición de objeto resto. “Fui negociado” –dirá al respecto. Sin embargo, Lacan no queda en esa posición de “excomulgado”, “mutilado” de la IPA, sino de separación, y se pone a producir. En 1964, extrajo los 4 conceptos fundamentales, reformuló el objeto a y fundó su Escuela.
Mientras que para la IPA no hay lo inanalizable, y por eso pueden buscar los fundamentos biológicos del inconsciente, para Lacan sí. Ya lo había introducido en su seminario, en 1959, con el concepto de das Ding, que devendrá ese año, el undécimo de su seminario, el objeto causa del deseo. Lo inanalizable toca a las dificultades de transmisión del psicoanálisis. Lacan inicia ahí el camino que le llevará a plantear, tres años más tarde, en 1967, su Proposición sobre el pase y el analista de la Escuela.

La Escuela
La transmisión en psicoanálisis se hace a través de la transferencia. La Escuela se funda en ella. 
El nombre de nuestra escuela, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, como la mayoría de las escuelas de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, hace referencia al nombre de Lacan, que nos causa.
En el Acto de fundación, Lacan comienza hablando de la soledad: “Fundo, tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa analítica…”
Lo propio de la comunidad analítica es la soledad, inanalizable, y la manera de hacer “colectividad”: la Escuela como un conjunto de soledades.
La causa analítica se basa en la inexistencia del Otro, causa perdida. Estamos buscando la ley que une la causa y el efecto. A lo largo de su enseñanza, Lacan  nos enseña cómo intenta atrapar eso que se escapa.
En El banquete de los analistas, J.-A. Miller señala que, en Lacan, la Escuela pasa a ser otro concepto fundamental, el quinto. Él toma la idea de escuela de las escuelas antiguas, donde tenía una función ética: entrar en una implicaba cambiar el modo de vivir.
En la actualidad, señaló Toni Vicens, el concepto de Escuela se puede tomar como un anudamiento RSI, con tres dimensiones:
1. Una dimensión imaginaria: la Escuela como lugar de transmisión del discurso analítico.
2. Una dimensión simbólica: la Escuela como lugar de formación, donde se crea la ignorancia: todo saber debe apuntar a una x nueva. Se trata de formalizar para despejar la incógnita.
3. Una dimensión real, relacionada con el valor de control de la escuela. Es un lugar de rectificación de la ética que se puede poner en línea con la rectificación subjetiva que hay a la entrada de un tratamiento. Pero nunca tendremos el control del control. Se trata de una apuesta forzada. No tenemos la opción de quedarnos con un saber establecido. Tenemos que apostar por algo nuevo. En esta dimensión real de la Escuela se juega su futuro. La Escuela se hace cargo de lo interminable de los análisis.


Una lectura transferencial
La lectura es algo común a la escuela antigua y la escuela analítica. La Escuela es un aparato de lectura, se basa en la lectura, que se hace en soledad. La Escuela transita entonces por la lectura, la letra y la soledad.
La soledad de la letra. La letra es una marca de goce y, en este sentido, toca el cuerpo. Por eso es necesario abordar la investigación sobre el cuerpo en nuestros debates actuales sobre la clínica y sus malestares.
En El acto de fundación, Lacan da mucha importancia a las publicaciones. Él se interesó por aquellos autores, como Marguerite Duras o James Joyce, cuya práctica anudaba escritura y cuerpo y, en ese sentido, tocaba a la práctica del psicoanálisis. Es importante que estemos atentos a las modalidades de lectura y escritura de nuestra época, que no son solo del tipo de una escritura adormecedora, que favorece el olvido.
En relación a la pregunta de cómo se elabora el saber en la actualidad, Toni Vicens señaló que en la época de Lacan la elaboración de saber tenía lugar en la universidad. Sin embargo, en la actualidad, dicha elaboración corre a cargo del mercado, es decir, ha desaparecido.
Hay una masa de falsos lectores de Lacan, especialmente en las universidades norteamericanas, aunque eso siempre nos acaba llegando. Entre ellos, encontramos autores destacados como Zizek o Agamben, que reúnen a un gran auditorio cada vez que dan una conferencia. Pero, ellos toman el texto lacaniano sin la transferencia. No corren el riesgo del amor, el riesgo de no encontrar sentido; manejan un saber muerto y no se enteran de lo subversivo de la teoría lacaniana. Si el psicoanálisis deja de lado la transferencia, lo pierde todo.
En relación al Seminario de la Escuela, organizado por el Consejo de la ELP en las distintas comunidades el pasado sábado, Toni Vicens se refirió al título: “Después el Edipo, todos analizantes” que, según planteó el Consejo en su texto de presentación, hace referencia a que el analista es también, en otra escena, pero conectada a ella, analizante, y que no debe cerrar la dimensión de la experiencia del inconsciente. Se puede entender también, concluyó Toni Vicens, que un analizante es alguien bajo transferencia. Hemos de constituir eso como agalma.

Nota:
1. Los trabajos presentados en este espacio están publicados en general Freudiana 67 y 68. Mi texto, "La escuela de Lacan: del fracaso al acto y retorno", se puede leer en este mismo blog en la siguiente entrada:
http://www.elblogdemargaritaalvarez.com/2013/09/la-escuela-de-lacan-del-fracaso-al-acto.html


domingo, 3 de febrero de 2013

LECTURA DE LA CONVERSACION DE BORDEAUX: LOS EMBROLLOS DEL CUERPO




Al final de los noventa, las Secciones Clínicas francesas celebraron varias conversaciones que introdujeron una actualización de la clínica psicoanalítica tan precisa y rigurosa como necesaria. Aún recuerdo con emoción el momento que encontré en la librería de las Jornadas de la ECF de 1997 los volúmenes, recién salidos de imprenta, que publicaban las dos primeras. Se trataba del Conciliábulo de Angers, de 1996, sobre los efectos de sorpresa en la psicosis, y de la Conversación de Arcachón, de 1997, acerca de los inclasificables –compilados ambos en la edición castellana de 1999 con el título de la última: Los inclasificables de la clínica analítica.
A estas dos joyas clínicas les siguieron pronto otras dos: en 1998, la Convención de Antibes, que introdujo la categoría de psicosis ordinaria y, en 1999, la Conversación de Bordeaux sobre el cuerpo (1), de la que hoy presentamos una nueva edición en castellano (2). Tenemos que agradecer a Jacques-Alain Miller y a las Secciones Clínicas francesas estos trabajos. Hay un antes y un después de ellos. La serie que constituyeron introdujo lo serio y precipitó la entrada de la clínica psicoanalítica en el siglo XXI.
Les embrouilles du corps fue el título de la cuarta conversación que hemos mencionado. En francés, un embrouille es un embrollo, es decir, un enredo, una maraña, pero también una situación embarazosa, hasta un embuste. De hecho, “embrollo” en castellano tiene su etimología directa en el francés “embrouille”.
Éste es el término que Lacan utiliza al final de su enseñanza para referirse a la relación con lo real, a cómo lo real resiste a ser dominado por lo simbólico y por lo imaginario. “Lo real se encuentra en los embrollos de lo verdadero”, señala en el Seminario XXIII (Paidós: Buenos Aires, 2005, p. 83).
Hay que leer el título Les embrouilles du corps poniendo atención en el equívoco del genitivo: se trata de los embrollos producidos por el cuerpo, del cuerpo que embrolla, pero también de los embrollos del propio cuerpo que se embrolla. Es el “cuerpo que sufre”, como señalan Carole Dewambrechies-La Sagna y Jean-Pierre Deffieux en la página 7 del volumen en castellano. Al recorrerlo, encontramos el dolor del síntoma histérico, de la hipocondría, el dolor psíquico de la melancolía… Pero también encontramos “el cuerpo del ser vivo que lucha con la enfermedad orgánica (…), la muerte, lo real que no se deja metaforizar, transformar por el significante hasta tornarse soportable, aceptable por un sujeto”.
En esta Conversación, se debatió en torno a trece textos de otros tantos colegas. J.-A. Miller pone de relieve, en la página 95, la unidad de estilo de su conjunto y alaba el uso ponderado que cada autor hace de los matemas de Lacan, los cuales dan su armadura al texto con discreción.
En cuanto al contenido, todos ellos testimonian de la inserción de la perspectiva psicoanalítica en la práctica médica. Recordemos que, en 1966, Lacan situó dicha inserción como necesaria para que la posición propiamente médica, subvertida por la ciencia, pudiera sobrevivir. En su intervención Psicoanálisis y medicina, señaló asimismo dos cuestiones a tener en cuenta como puntos de referencia para dicha tarea: la modalidad de respuesta a la demanda y el goce del cuerpo excluido por la ciencia, el cual introduce la dimensión ética.
La última definición de síntoma que Freud plantea en su artículo Inhibición, síntoma y angustia, de 1925, acentúa su vertiente pulsional en lugar de la vertiente de significación puesta de relieve en las primeras. La idea de que el síntoma esconde una excitación corporal, será retomada por J. Lacan en su última enseñanza para situarlo como un acontecimiento de cuerpo -lo que no niega el elemento significante de todo síntoma, su envoltorio formal, sino que subraya su núcleo de goce.
En la página 104 del volumen, J.-A. Miller hace hincapié en la diferencia existente entre el “acontecimiento de cuerpo”, que como vemos remite a una definición general del síntoma, y los llamados “fenómenos de cuerpo”, que encontramos en los casos de esta Conversación. Estos últimos desbordan la dimensión significante, no están subjetivados.
Los fenómenos pueden ser transitorios, como eclipses, o instalarse permanentemente, a modo de sinthomes que ordenan la vida del sujeto. En la Conversación, encontramos ejemplos de unos y de otros. Se trata en todos los casos de sujetos embrollados por su cuerpo, al punto de que para muchos se plantea la pregunta por su analizabilidad. No se puede estar excesivamente embrollado por el cuerpo para hacer un análisis propiamente dicho –señala J.-A. Miller en la página 97-, al menos hace falta que el sujeto pueda desembrollarse, que el embrollo pase a la simbolización, para lo cual es necesario un trabajo preliminar orientado por el psicoanálisis. Para decirlo en términos más actuales -trece años después de esta Conversación-, se necesita siempre, en unos casos u otros, que “haya analista en el clínico”, tal como nos enseña el trabajo preparatorio de PIPOL 6.
Así, el hecho de que un fenómeno de cuerpo desborde la dimensión significante –responde J.-A. Miller en la página 108- no quiere decir que no se inscriba en una lógica. La lección que nos enseñó Lacan es que “no debemos omitir referir el fenómeno al proceso simbólico anterior”.
El volumen recoge sus frutos: una conversación magnífica, de lectura imperdible. 
Medicina y psicoanálisis, lo real y su amo, el instrumento simbólico, la muerte y la demanda, las rupturas de equilibrio, el rechazo del cuerpo y el retorno en lo real son algunos de los temas sobre los que se pudo conversar a partir de los casos propuestos.
Para finalizar, solo me queda agradecer a todos aquellos que la han hecho posible, con una mención especial para la Sección Clínica de Bordeaux que lleva ya algunas décadas desarrollando una investigación rigurosa en el campo del psicoanálisis y la medicina. Eso, señala Miller en la página 102, constituye su excepcionalidad en el Campo freudiano.
(*) Reseña publicada originalmente en Colofón 33, boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana, 2013.



Nota:

1. Section Clinique de Bordeaux: "Les embrouilles du corps". En: Ornicar? Revue du Champ Freudien nº 50. Paris: Navarin Éditeur, diffusion Seuil, 2002.
2. J.-A. Miller - Sección Clínica de Bordeaux: Los enredos del cuerpo. Caracas: Pomaire, col. "Mundo psicoanalítico", 2012. 
Hay otra edición de Paidós-Argentina, y el título se ha traducido como: Los embrollos del cuerpo.



martes, 5 de julio de 2011

EL CUERPO HABLA SIN PALABRAS. RESEÑA DE LA CONFERENCIA DE JACQUES-ALAIN MILLER EN PIPOL 5*

Jardín Histórico de la Concepción. Málaga. 2011 (Foto M. Álvarez)
PIPOL 5 finalizó el pasado domingo en Bruselas,* con una conferencia de Jacques-Alain Miller sobre el ideal de salud mental, que trata de armonizar al hombre con el mundo, y sobre el goce de cada cual que pone resistencia a esa operación universalizadora. Trataré de reseñar aquí brevemente su exposición con la ayuda de algunas anotaciones, aclarando que el título de este texto, si bien toma sus palabras, es mío.
En psicoanálisis, todo caso clínico debería tener la estructura de Las Meninas. Como Velázquez en el cuadro, el analista se retrata en el retrato del analizante.  El cuadro nos ofrece lo que ve el amo –la pareja real-, que no está representado sino borrado. Solo queda su reflejo, el lugar puede ocuparlo cualquier espectador.
En la pareja analítica, el amo no está para ocupar su lugar. ¿Qué queda de la salud mental –se preguntó J.-A. Miller- cuando el amo no está?
La salud mental –señaló- presupone dominar nuestra parte irracional. Depende del amo, es asunto de gobierno. Y ahora se realiza con su inclusión en todos los aparatos de dominación. El amo, que es un discurso, a través de su imperio sobre la ciencia, puede difundirla, distribuirla entre las poblaciones.
El ideal de salud mental traduce el inmenso esfuerzo que se realiza hoy para realizar una rectificación subjetiva de masas, destinada a armonizar al hombre con el mundo contemporáneo, a reducir el malestar en la civilización. Lo psi se ha convertido en un factor de la política. El discurso del amo, por primera vez, ha penetrado el campo de lo mental. Por lo que ser escuchado hoy por un analista es un derecho humano.
El discurso analítico, cuando se recurre a él, se moviliza por uno solo. Esto es lo que puede conseguir el sujeto en el análisis: su soledad y su exilio. En el centro del discurso analítico no está el Otro, solo existe el uno solo.
En el análisis, inventamos un Otro a nuestra medida, que sabe lo que molesta al uno solo. Pero al final del análisis, ese Otro se desvanece: no nos dejamos engañar más por el inconsciente, que sigue existiendo pero de manera que no tiene ya sentido. Ésa –señaló Miller- es la única salud mental que podemos adquirir: alcanzar ese punto donde se esfuma lo mental y lo real ocupa su lugar.
Esto requiere eliminar lo imaginario de lo mental, lo imaginario como unidad funda-mental, que Lacan ilustró con el estadio del espejo. También requiere franquear lo simbólico de lo mental, la refracción del significante en lo especular, susceptible de dar lugar a metáforas, a efectos de significación, en resumen, lo que llamamos pensamiento.
La verdad que se alcanza con el descifrado siempre es sentido, es decir, mental. Por eso, Lacan hace equivalentes verdad y mentira. Por eso, el campo último es el campo de la libido, que tiene un sentido: el deseo. Ese sentido anima los síntomas. Pero, en el análisis, el deseo sufre una deflacción. El deseo es una verdad mentirosa, una mentira de lo mental. Una vez atravesada la pantalla fantasmática, se encuentra el goce, aquello de la libido que es real.
El goce es el producto de un encuentro causal entre el cuerpo y el significante; es esa huella inolvidable que llamamos acontecimiento de cuerpo, y que nunca vuelve a cero.
Hablamos con el cuerpo, a partir de un goce que ha quedado fijado de una vez para siempre. Ese cuerpo que habla sin palabras es un cuerpo que goza. Se empareja con la salud mental que no existe.
Cada síntoma, cada acontecimiento corporal traduce ese hablar con el cuerpo. Hay que pensar, planteó para finalizar J.-A. Miller, si éste tema es el que interesa para PIPOL VI. En todo caso, me parece -añado- un tema muy interesante y en línea con el tema de las próximas jornadas de la ELP, “Cuerpos escritos, cuerpos hablados”, a celebrar en Zaragoza en noviembre.
* Conferencia de Jacques-Alain Miller en la clausura de PIPOL 5, en Bruselas, el 3 de julio de 2011.