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lunes, 1 de julio de 2019

PAREJA: ¿SINTOMA O ESTRAGO?

Francesca da Rimini y Paolo Malatesta vistos por Dante y Virgilio, de Ary Scheffer
Sigmund Freud descubrió el sentido sexual de los síntomas pero al descifrarlos comprobó que no todo lo sexual tenía representación en el inconsciente. La diferencia sexual se inscribía en términos fálicos y no había una representación específica de la mujer. 
También descubrió que la llamada sexualidad se rige por la pulsión, que es autoerótica y parcial, lo que objeta toda idea de una satisfacción plena. 
Ambas cuestiones, la falta de representación de la mujer y el autoerotismo y parcialidad de la pulsión, anticiparán lo ilusorio de una complementariedad o de una relación armónica entre los sexos tal como subrayará la última enseñanza de Jacques Lacan. En el seno de la pareja encontramos el autoerotismo la disimetría, lo no-complementario. El malestar cuando no la discordia entre los sexos se revelarán estructurales. 
Los sintagmas “La mujer no existe” y “No hay relación sexual” ordenan esta última enseñanza. Si la sexualidad está en el centro del inconsciente es en tanto es una falta, y ahí surgen los impasses del goce sexual (1), cuyo abordaje obligará a Lacan a poner en juego instrumentos nuevos: la lógica del todo fálico y del no-todo fálico (2). Ellos nos enseñan que cada sexo juega su partida con un partenaire privilegiado en su inconsciente, lo que condicionará las relaciones con la pareja de la realidad. Es pues por esta vía que me propongo abordar el tema de esta línea de trabajo.

La ausencia del Otro
A principios de los 70, Lacan plantea que es imposible definir lo que es el hombre y la mujer (3): en tanto lo que se escribe es el falo hay un real del goce femenino, suplementario al fálico, que queda indeterminado. Si para las mujeres no cuenta la amenaza de castración del padre edípico, el acceso a dicha castración se sitúa a partir de un real que es la inexistencia de una excepción que diga “no” a la función fálica, tal como Lacan sitúa en las fórmulas de la sexuación (4), es decir, del imposible como causa.
Ese padre irrealizado, ese Otro ausente, constituye el real propio de las mujeres, cuyo goce se sitúa así “entre centro y ausencia” (5), es decir, entre el goce fálico y el goce propiamente femenino. Pero Lacan precisa que este goce-ausencia (6), esa desaparición no es privilegio del sexo femenino y sitúa un agujero real: “El Otro está ausente desde el momento en que está en juego la relación sexual” (7): no existe el goce del cuerpo del Otro, solo se goza mentalmente de él.
Las dos posiciones sexuadas constituyen dos maneras de situarse ante este real del sexo que lalenguano puede articular (8) así como dos tratamientos, dos maneras de gozar. Cada una da un acceso prevalente al Otro mediante unpartenaireprivilegiado: del lado hombre, el acceso es a través del goce mediante el objetoaque encuentra en una mujer y que le remite al goce de órgano, del cuerpo propio; del lado mujer, el acceso al Otro se produce especialmente por medio del amor; es una relación más directa con S(A/), que elude el cuerpo, el objeto y se aferra a la palabra (9). 
Según el partenaire con el que el sujeto del inconsciente juega su partida, o S(A/), con el que trata, tapona el agujero real del sexo, la relación de pareja para un sujeto se podrá situar en la vertiente del síntoma o en la vertiente del estrago (10).

Del lado hombre, un sinthome
En 1975, Lacan se pregunta qué es una mujer para aquel que está estorbado por el falo, es decir para aquel que se sitúa en el lado derecho de las fórmulas. Y responde que una mujer es un síntoma (11). No dice que toda mujer lo sea -en tanto que en el lado izquierdo al no existir una excepción no se puede decir “toda mujer”.
Si el hombre solo tiene acceso al Otro mediante el objeto a, que encuentra en una mujer, Lacan afirma que esto no hace que ella “sea más un objeto  de lo que pueda serlo un hombre”Por otro lado, ella también “tiene sus objetos, los hijos de los que se ocupa”. 
Se trata de hacer de ella un síntoma, lo cual conlleva situarla en relación al goce fálico, del que a menudo se dice que no la concierne. 
El síntoma en este seminario pasa a ser considerado en su doble lazo con el goce y con el inconsciente: “El síntoma es la manera en que cada uno goza del inconsciente en tanto que el inconsciente lo determina” (12). En este sentido exsiste al saber inconsciente y está en el mismo lugar topológico que una mujer. 
La mujer, como el síntoma, es algo en lo que se creese cree que es capaz de decirnos algo y que solo hay que descifrarlo. Sin embargo, puede ocurrir que para creer en ella, se la crea, se crea en lo que dice, lo que funciona como tapón de la inexistencia de la mujer y de la relación sexual. “Es lo que se llama amor (13)”. 
Creer lo que dice da al amor ese aire de locura que constituye el lado cómico del amor, aunque Lacan subraya su valor en tanto permite fracturar el muro de la no-relación sexual y no sentirse solo, si bien “dura poco tiempo”.
Se trata de que el hombre pueda creer en una mujer sin hacer de ella La mujer, es decir, sin situarla en un lugar de excepción. En la medida en que puede hacerlo puede abrirse a la contingencia del encuentro con una y anudar así su goce sintomáticamente al Otro. 
En el Seminario 23, Lacan sitúa la función de anudamiento del sinthomeen relación al agujero del Otro sexo, que una mujer también presentifica. En este sentido son equiparables.
El sinthome repara el lapsus del nudo, “ese lapsus sobre el que se establece la noción misma de inconsciente”. Cuando lo repara en el mismo sitio donde se ha producido el lapsus (14), eso no da una equivalencia pero hace que haya relación. Si lo llevamos a la relación entre los sexos, el sinthome hace que haya relación allí donde no la hayEso le lleva a afirmar que “el sinthome es el sexo al que no pertenezco, una mujer” (15). 
La mujer pasa a ser sinthome para el hombre pero al no haber equivalencia esto no es recíproco: “Puede decirse que el hombre es para la mujer todo lo que les guste, a saber, una aflicción, peor que un sinthome.(…) Incluso un estrago”.

Del lado mujer, lo singular de un confin
Freud había planteado el Penisneid como un tope en el análisis de una mujer, quien quedaba condenada a reclamar/esperar un pene o un sustituto suyo. Luego, con el primer Lacan, se tratará de obtener un significante que dijera su ser y la proveyera de una consistencia que no tenía. La demanda de amor, y su retorno, marcarán con el sesgo del exceso y de lo ilimitado la relación de la mujer con la madre y luego el padre y el hombre, quienes siempre vendrán a ocupar ese lugar en segundo término (16). Se trata de la relación de la mujer con S(A/).
La clínica del estrago no deja, ayer y hoy, de darnos numerosos ejemplos. Pero su abordaje permanece sin solución si consideramos la cuestión desde la lógica edípica o desde la relación de la niña con la madre o con el padre, podemos decir desde lo fantasmático, desde la vertiente significante.
De lo que se trata es de la relación de la mujer con aquella parte de su goce que se sitúa fuera de la medida fálica, es decir, del goce femenino como real fuera de sentido. El estrago no es otra cosa que el reverso del amor y uno de las manifestaciones posibles del goce femenino. Lacan lo leerá también con la lógica del no-todo, no solo para entender su fenomenología y su estructura sino también para pensar su “tratamiento”, que requiere la introducción de un límite. 
En “El atolondradicho”, Lacan se pregunta qué ocurre del lado mujer donde no existe una excepción que diga “no” a la función fálica, es decir, donde la función fálica, significante, no regula todo el goce. (17). Y sitúa un confín en el cuantor de la inexistencia: el “no hay”, lo imposible como causa, es el último límite, un límite real. 
Se trata de que “lo singular de un confín” venga a acotar lo real del goce femenino de una manera distinta a como lo hace el límite fálico. Esto queda a cuenta del cuantor de la inexistencia, es decir, de lo imposible como causa. 
Poner en causa lo imposible del lado femenino posibilita acotar el exceso de goce alrededor del agujero real del sexo lo que implica un límite singular al sin-límite estructural. Ello puede permitirle ser síntoma de otro cuerpo (18), y a través suyo, salir de la mortificación del estrago para desembrollarse mejor con la división de su goce.
* Texto de presentación de las 18 Jornadas de la ELP: "La discordia entre los sexos a la luz del psicoanálisis", a celebrar en Valencia los días 23 y 23 de noviembre de 2019. http://discordia.jornadaselp.com



 Notas
1. Lacan, Jacques, Hablo a las paredes, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 40.
2. Lacan, Jacques, El Seminario, libro 20: Aún, Paidós, Buenos Aires, 1989.
3. Lacan, Jacques, Hablo a las paredes, op. cit., p. 40.
4. Lacan, Jacques, El Seminario, libro 20: Aún, op. cit., cap. 7.
5. Lacan, Jacques, El Seminario, libro 19: … o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 119.
6. Ibid., p. 202.
7. Ibid., p. 102.
8. Lacan, Jacques, Hablo a las paredes, op. cit., p. 68.
9. Miller, Jacques-Alain, El partenaire-sintoma, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 275.
10. Lacan, Jacques, El Seminario, libro 23: El sinthome,Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 99.
11. Lacan, Jacques, “Le Séminaire de Jacques Lacan: RSI”, cours 21 janvier 1975, Ornicar?, Bulletín periódique du Champ freudien, nº 3, Lyse, Paris, mayo de 1975.
12. Lacan, Jacques, “Le Séminaire de Jacques Lacan: RSI”, cours 18 février 1975, Ornicar?, Bulletín periódique du Champ freudien, nº 4, Lyse, Paris, 1975.
13. Lacan, Jacques, “Le Séminaire de Jacques Lacan: RSI”, clase del 21 de enero de 1975, op. cit.
14. Lacan, Jacques, El Seminario, libro 23: El sinthome, op. cit., pp. 95-6.
15. Ibid., p. 99.
16. Lacan, Jacques, “El atolondradicho”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, p. 489.
17. Ibid., p. 490.
18. Lacan, Jacques, “Joyce el sintoma”, Otros escritos, op. cit., p. 595.
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sábado, 18 de marzo de 2017

ANALIZAR AL PARLÊTRE, UNA ESCUCHA SINGULAR

"Irma" (2010), de Jaume Plensa. Instalación en el Yorkshire Sculpture Park, Reino Unido, 2011.

Voy a partir de la frase de Jacques-Alain Miller que da título a estas sesiones: “Apostemos por que analizar al parlêtre es lo que ya hacemos, y tenemos pendiente el saber decirlo”(1).
Esta apuesta retoma el término parlêtre introducido por Jacques Lacan (2), en 1976, como término que sustituiría en un futuro al inconsciente freudiano. A diferencia del sujeto del inconsciente, significante, el parlêtre incluye lo real del cuerpo, su goce, producto del encuentro del organismo con lalengua, es decir, de lo que en psicoanálisis llamamos “trauma”, donde tenemos:
1) el encuentro con un goce;
2) este encuentro es correlativo de otro encuentro: el de la insuficiencia de lo simbólico para decir lo real, es decir, el del agujero de lo real en lo simbólico, fuera de sentido;
3) las coordenadas de dicho encuentro fijarán contingentemente las marcas pulsionales (S1);
4) la solución a ambos encuentros, siempre sinthomática, vendrá a suplir la insuficiencia de lo simbólico a la par que conformará un funcionamiento de goce.
Es lo que nos enseñan algunos testimonios de los finales de análisis de la era del parlêtre o del sinthome -términos solidarios-, donde se encuentran aisladas las marcas pulsionales que ciernen el agujero de lo real en lo simbólico para un sujeto y organizan su goce. Asimismo ellos nos ilustran sobre cómo en el análisis el sujeto ha inventado un nuevo modo de relación con ellas, también sinthomático pero inédito, que pone este funcionamiento de goce del lado de la vida, lo que le permite arreglárselas mejor con el goce y hacer un lazo social nuevo.
Pero el parlêtre y su solución sinthomática no hacen su aparición al final del análisis sino que de algún modo están de entrada -si bien no del mismo modo. Entonces no tenemos otro remedio que escucharlos.
Miller señala tres fórmulas descubiertas a partir de la experiencia analítica y, en especial –señala- del pensamiento sobre dicha experiencia, que competen respectivamente al agujero, a la marca y al goce. Son: No hay relación sexual, Haiuno y, correlativamente, lo que llama el auto-goce del cuerpo, es decir, que un cuerpo es algo que se goza, fórmula que se articula a los dos primeras. “Las tres fórmulas, señala, tienen que leerse conjuntamente. Y ellas dan una dirección a la escucha analítica”(3).

La práctica analítica en la era del parlêtre
La apuesta de Miller interroga al analista de la era del parlêtre, en la misma línea inaugurada por Lacan, quien si bien, en 1973, reconoció que “una práctica no requiere ser esclarecida para operar”(4), desde el inicio de su enseñanza se dedicó a esclarecerla. En enero de 1977, pocos meses después de introducir el término parlêtre, dice: “La clínica psicoanalítica debe consistir no sólo en interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber lo que su práctica tiene de azaroso que justifica a Freud haber existido”, proponiendo “apremiar al analista para que declare sus razones” (5).
“Lo azaroso” de la práctica –entiendo- señala una relación entre ésta última y la contingencia. Por un lado, la práctica analítica está afectada por la contingencia en tanto que el acto analítico tiene principios, como introdujo en 2004 Éric Laurent (5), pero no es previsible. Por otro, en tanto ella apunta a situar el agujero de lo real en lo simbólico, localizable solo por las marcas de goce que lo ciernen al insu del sujeto, es decir, fuera de la concatenación significante y, por tanto, del saber, ha de guiarse más por algo del orden de la contingencia del acontecimiento de lo real que por la deducción de sentido, necesaria. Esto requiere algo de lo señalado por Freud (así entiendo el “que justifique a Freud haber existido”) al decir que la interpretación analítica no debía ser exhaustiva sino que debía dejar “un lugar en sombras”, ese que, en relación al sueño, sitúa como su ombligo y que “se asienta en lo no conocido”(6), no-reconocido, no-encadenado, fuera de historia; ella ha de apuntar a ese lugar que más tarde llamó “represión primaria”, en su doble dimensión de lugar donde las representaciones desfallecen y donde tiene lugar la fijación de la pulsión, es decir, por definición, el lugar del trauma fuera de sentido.
El psicoanálisis responde “a la idea de una cura estándar ni supone ningún protocolo general” (quinto principio), válido para todos, fundados en un saber preestablecido. Esto separa la práctica analítica de toda técnica, que sí requiere dicho saber y por ello es del orden de la repetición necesaria y no de lo contingente.
“El psicoanálisis no es una técnica sino un discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción” (quinto principio). “Lo que se persigue no es una norma sino la conformidad del sujeto consigo mismo” (sexto principio), podríamos añadir “con su norma de goce”, como introdujo Hebe Tizio recientemente en otro espacio. Entiendo que esta conformidad implica una variación, una lectura inédita de un funcionamiento de goce que separa al sujeto del autoerotismo y lo pone en relación al otro y a la vida.
Voy a finalizar esta primera parte desglosando una definición que Lacan hace de la clínica en 1976: “La clínica es lo real en tanto imposible de soportar. El inconsciente es la huella y a la vez el camino por el saber que constituye: haciéndose un deber para el analista repudiar todo lo que implica la idea de conocimiento” (7).
“La clínica es lo real en tanto imposible de soportar”: ella se construye a partir de la experiencia de lo más éxtimo del sujeto, las marcas de lalengua sobre el cuerpo, el trauma que está en la raíz del síntoma. Por ello, “el analista debe repudiar todo lo que implica la idea de conocimiento”: no se alcanza lo insoportable del síntoma mediante una objetivación del sujeto sino “al precio de una sumisión completa, aunque sea enterada, a las posiciones propiamente subjetivas del enfermo” (8).
“El inconsciente es la huella y a la vez el camino por el saber que constituye”: ante un caso nuevo, el analista “no debe sumar sus experiencias”(9) y debe escuchar, como señala Freud, a cada analizante como si fuera el primero. 
En relación a las neurosis, el analista tiene que manejarse con la incertidumbre sin él mismo cerrar el sentido y, por tanto, sin apuntar a cerrarlo con la interpretación, “dejando un lugar en sombras” para mantener abierta la dimensión del inconsciente, que es la huella y a la vez el camino que lleva hacia el ombligo real del síntoma. Sin embargo, cuando se trata de una psicosis a veces basta dar la palabra al sujeto para que nos muestre ese camino de “inconsciente a cielo abierto” con una certeza que forma parte de lo insoportable de su síntoma. A partir de localizar dicha certeza el analista encuentra sin embargo cierta certidumbre de lo que no hay que hacer: apuntar al agujero de lo forcluido que la certeza tapona.
Voy a tratar ahora de decir lo que he hecho como analista en el trabajo con un caso diagnosticado como una psicosis ordinaria.
* Texto presentado en el espacio "Analizar al parlêtre" de la Comunidad de Catalunya de la ELP, el 14 de marzo de 2017.

Notas:
1. Miller J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Scilicet El cuerpo hablante, Buenos Aires, Grama, 2016, p. 28.
2. Lacan J., “Joyce el Síntoma”, Otros escritos, p. 592.
3. Miller J.-A., El Ser y el Uno, clase del 30.3.2011, a publicar en Freudiana nº 79 con el título “Una orientación para la escucha analítica”.
4. Lacan J., “Televisión”, Otros Escritos, p. 539.
5. Lacan J., “Apertura de la Sección Clínica”, 5.1.1977.
6. Laurent E., “Principios rectores del acto analítico”, 2004:
7. Freud S., “Sobre la psicología de los procesos oníricos”, La interpretación de los sueños, O. C., vol. V, p. 519.
8. Lacan J., “Création de la Section Clinique” (En: “Annonces et informations”), Ornicar? nº 8, Hiver 1976-7. diciembre 1976.
9. Lacan J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos 2, México, Siglo XXI Editores, 1984, p. 516.

10. Lacan J., “Introducción a la edición alemana de los Escritos”, Otros Escritos, op. cit., p. 583.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

UN PSICOANALISTA DEBE SER SENSIBLE AL PUN


En la casa del espejo, haciendo frente al  Galimatazo, de  John Tenniel


La conferencia “Joyce el síntoma”, que Jacques Lacan imparte el 16 de junio de 1975 en La Sorbonne durante la celebración del Bloomsday, prologa de algún modo su seminario siguiente dedicado al sinthome. En ella, Lacan comienza criticando la confusión de la prensa que ha anunciado como título “Joyce el símbolo (1). Y, a continuación, introduce una nueva escritura de síntoma (symptôme): sinthome –en francés, ambos términos son homófonos.
Un poco más adelante, Lacan vuelve sobre la equivocación de la prensa y plantea que “el síntoma anula el símbolo” (2). Aunque diga síntoma, Lacan se está refiriendo aquí al sinthome, que no pertenece al registro de la articulación significante (S1-S2), sino al orden de la letra (S1). No se trata tampoco del saber del inconsciente freudiano, pues Lacan se refiere aquí a Joyce como “desabonado del inconsciente”.
Por ello, invita a su auditorio a leer Finnegans Wake (en adelante, FW), donde señala que “Joyce juega no en cada línea sino en cada palabra con un pun, muy particular”. 
La palabra inglesa pun remite a un juego de palabras, un equívoco, que en tanto tal, hace resonar otra cosa que la que aparentemente se está  diciendo. Y, al hacerlo,  incide en la interpretación de lo que se dice.
Lacan señala que en FW no hay una sola palabra que no esté hecha como aquellas que utilizó al principio de su conferencia cuando, al quejarse de que la prensa no hubiera publicado correctamente su título dijo: ¿Por qué querer que la podredumbre en la que el hombre podspera –que suena como podrirse esperando, por qué esperar que la prensadumbre, que nos atiborra de noticias, transmita correctamente mi título? (3).
Retoma este podspera (4), en francés, pourspère, compuesto como nos dice una nota de la traducción a pie de página con cuatro palabras: pourrir (pudrir), espérer, (esperar), pour (para) y père (padre) –quizás también se me ocurre con prospère (prospero). Y señala que estas palabras “destellean, chispean” en pourspère. “Resulta fascinante, aunque, a decir verdad –añade- el sentido se pierde”.
Pero este pun particular que Joyce hace operar en FW, no es original suyo, como su biógrafo recoge que le atribuye Jung (5). Lacan sitúa que se trata en él “más bien del “portemanteau” en el sentido de Lewis Carroll (6), en el que este último es un precursor lo que debe de haber importunado a Joyce.
La referencia de Carroll al término “portemanteau”, en castellano “sobretodo”, la encontramos en Alicia a través del espejo (7), de 1871: una vez atraviesa el espejo, Alicia encuentra en la casa del espejo un libro que no puede leer, por lo que primero considera que está escrito en un idioma desconocido, hasta que se da cuenta  de que tiene que ponerlo delante del espejo para poder leerlo. Así puede leer el poema “Jabberwocky”, traducido por Jaime de Ojeda como “Galimatazo” (8), que quiere decir un gran galimatías representado como un enorme animal. Es un poema hecho con palabras inventadas y que en sí mismas no tienen ningún sentido aunque suenan a inglesas,  y es métricamente perfecto.

Galimatazo
Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!
Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposose bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando...
Y así, mientras cavilaba firsuto,
¡¡hete el Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!
¡Zis, zas y zas! ¡Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!
¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.
Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba...

Después de leer el poema, Alicia queda aturdida, aunque le cuesta reconocer ante sí misma que no le encuentra ni pies ni cabeza: 
“Es como si me llenaran la cabeza de ideas, ¡solo que no sabría decir cuáles son! En todo caso lo que está claro es que alguien ha matado algo” (9). Confusa, sale de la casa del espejo al jardín, donde todo funciona al revés.
Más tarde, Alicia conoce a Humpty Dumpty, quien se presenta en posición de amo de las palabras, pretendiendo que digan lo que él quiere que diga. Alicia aprovecha para interrogarle sobre el significado del poema “Galimatazo” (10). Él se limita a tomar solo la primera estrofa porque, según dice, ya hay ahí suficientes palabras difíciles.

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

"Eso de que brumeaba el negro el sol -explica-, quiere decir que eran ya las cuatro de la tarde que es cuando se encienden las brasas para asar la cena". Agiliscoso, quiere decir a la vez “ágil y viscoso”. Y, a continuación, introduce el término sobretodo, el precursor carrolliano del pun, según refiere Lacan: “Es como si se tratara de un sobretodo… son dos significados que envuelven la misma palabra.
En cuanto a los términos “giroscar” y “banerrar”, Humpty Dumpty explica que el primero es “dar vueltas y más vueltas”, y, el segundo, “andar haciendo agujeros como un barreno”.
Pero estas palabras inventadas que Carroll llama "sobretodo", aunque también serán llamadas palabras-maleta,  palabras-portafolio o palabras-valija, tienen una peculiaridad: “Cada palabra contiene en su forma dos conceptos –el proceso en sí podría ser más largo, podría contener más sin ningún problema”.
La palabra original que da título al poema, “Jabberwocky”, quedó incorporada a la lengua inglesa para referirse al lenguaje sin sentido -los Monty Python la tomaron para el título de una película. Éste es el mismo procedimiento que Lacan comienza a utilizar cuando toma la mano de Joyce en su ultimísima enseñanza.
En Aún,  ya había hecho referencia a ello al afirmar que Joyce no es legible. En él, “el significante viene a trufar al significado”. Los significantes encajan unos con otros, chocan entre sí” –lean Finnegans Wake- y se produce algo que como significado puede resultar enigmático, pero es realmente lo más parecido a los que nosotros los analistas, gracias al discurso analítico, tenemos que leer: el lapsus. Es como lapsus que significa algo, es decir, que puede leerse de una infinidad de maneras distintas. Y precisamente por eso se lee mal, o al revés, o no se lee. Sin embargo, esta dimensión del leerse acaso no basta para demostrar que estamos en el registro del discurso analítico? En el discurso analítico, a lo que se enuncia como significante se le da una lectura diferente de lo que significa” (11).
Más tarde, en Yale, Lacan señala que el significante se presta al equívoco, es decir a muchas significaciones posibles. Y la interpretación analítica no debe ser imperativa, sino equívoca. No está hecha para ser comprendida sino para producir olas (12). Por ello, un analista debe ser sensible al  pun (13). 

Notas
1. Lacan, Jacques: “Joyce el síntoma”. En: El Seminario, libro 23: El sinthome. Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 159.
2. Op. cit., p. 162.
3. Op. cit., p. 159.
4. Op. cit., p. 162.
5. Ellmann, Richard: James Joyce. Barcelona: Anagrama, 2002, pp. 759-60.
6. Op. cit., p. 163.
7. Lewis Carroll: Alicia a través del espejo. Madrid: Alianza Editorial, cap. 6, p. 136.
8. Op. cit., p. 56-7.
9. Op. cit. p. 58.
10. Op. cit. pp.135-6.
11. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires: Paidós,  1989, pp. 48-9. 
12. Lacan, Jacques: "Yale University 2.12.1975 (Conférences et entretiens dans des universités nord-américaines”), en Scilicet 6/7. Paris: Seuil, 1976, pp. 34-5.
13. Lacan, Jacques: Massachusetts Institute of Technology”, 14.12.1973, en Scilicet 6/7, op. cit., p. 59.