sábado, 10 de diciembre de 2011

SOBRE EL ELOGIO DE LA LOCURA, DE ERASMO. UNA LECTURA




Este año 2011 se cumplen quinientos años de la publicación del Elogio de la locura,* de Erasmo de Rotterdam. La obra finalizada, en 1509, se editó en París dos años más tarde. Valorada como el mayor exponente de la obra y el genio de su autor, príncipe de los humanistas renacentistas, no quiero dejar acabar el año sin hacerle un pequeño elogio, producto de mi particular lectura.

El marco de la obra
Como se sabe, el humanismo, constituyó una revolución del  pensamiento que se extendió por la Europa renacentista en los siglos XV y XVI. Rechazando la herencia del medievo, el humanismo, de homo, hombre, colocó a este último en el centro de su doctrina, confiando plenamente en su razón y su capacidad de conseguir a través del cultivo de las letras clásicas la sabiduría necesaria para entender el mundo.
Sin embargo, Erasmo emprenderá en esta obra una reflexión seria sobre el concepto de sabiduría que manejan sus contemporáneos y, a través suyo, realizará una crítica demoledora de la sociedad en que vive. 
¿Qué es la sabiduría?, se pregunta. ¿Se requiere una gran erudición para alcanzarla como alegan los preceptos renacentistas? ¿O se trata de algo distinto?
Erasmo tiene ya la respuesta y en razón de ella concibe el plan de la obra. Dando no solo muestras de una gran lucidez sino, también, de no menor dosis de humor aborda el tema de la sabiduría a través de la locura o la necedad, encarnadas en el personaje de Estulticia. De este modo, cuestiona de entrada la idea tradicional de sabiduría e invita a cambiar de perspectiva: quizás la sabiduría que se defiende no es tal sabiduría, quizás la locura o estulticia pueda ser la extrema sabiduría. La locura queda así, de entrada, revestida de dignidad, sin los bonetes o cascabeles con que se la representaba en la época. Y Erasmo la pone a hablar y la deja hacer su propio elogio.

Habla Estulticia
De entrada, ella pide ser escuchada con la atención que se presta no a los predicadores sino a los charlatanes de feria. Hecha esta petición, empieza a poner de relieve sus cualidades que, como veremos, no son pocas ni banales: ¿Qué puede ser más importante que causar el placer de la gente, liberarla siquiera por un instante de la gravedad de la vida y hacerles reír?
“Soy la única –empieza diciendo- que, cuando quiero, hago reír a los dioses y los hombres; nada más verme, los hombres desarrugan el ceño y acompañan su aplauso con una risa amable”. “Mi sola presencia consigue en un momento aquello para lo que los grandes oradores  necesitan un largo y pesado discurso: disipar las pesadas molestias del espíritu”.
¿No es por esta alegría de vivir espontánea, sin sentido, por la que nos gustan los niños y los jóvenes? ¿No es esta la alegría que luego va desapareciendo bajo el peso, aplastante a veces, de los problemas de la vida? ¿No esperamos que los niños sean despreocupados y sentimos rechazo por lo general hacia los niños sabelotodos?
¿Por qué siempre se representa a Cupido como un niño? Porque es un bromista –responde Estulticia- que no dice ni piensa nada al derecho. ¿Y por qué Venus mantiene intacta su belleza? Sin duda, también por su necedad.
El anciano que chochea –afirma- se ve libre de la angustia que atenaza al sabio. Ni los niños ni los jóvenes ni los ancianos sienten el tedio de la vida que atenaza la edad madura. Solo ella, Estulticia, mantiene joven el espíritu, “detiene el paso fugaz de la juventud e impide el avance molesto de la vejez”. Es más, nos recuerda -cómo Homero ya señaló- que no existe nada en la tierra alegre o placentero sin su intervención.
Por otro lado, la necedad -defiende- desempeña asimismo un importante papel en la vida social: es la única que une y mantiene unidos a los amigos y a los matrimonios. Sin ella, no existe ningún tipo de sociedad ni relación humana agradable y sólida, pues no soportaríamos ni al otro ni a nosotros mismos. Hace que uno acepte mejor quién es.
Las buenas obras y empresas vienen asimismo inspiradas por Estulticia. Todo el mundo sabe que ni la filosofía soluciona los problemas de la vida ni la sabiduría sirve para hacer una buena gestión de los asuntos. Sin embargo, el insensato adquiere la verdadera prudencia mejor que el sabio porque mientras este último se refugia en los libros tratando de buscar allí la respuesta, el insensato lo prueba todo y eso le permite construir una experiencia. Pues el miedo y el pudor son dos obstáculos que se oponen a ello, pero la insensatez libera de ambos. “Nada más insensato que una sabiduría a destiempo, ni nada más imprudente que una prudencia fuera de lugar” -sentencia.
“Obra mal –prosigue Estulticia- el que no toma las cosas como vienen, el que se refugia en los libros y no baja a la calle a pasear, el que no quiere acordarse de aquella norma sabia de los banquetes: o bebes o te vas; también  el que pretende que la comedia no sea comedia”. Es además signo de hombre prudente no querer sabiduría superior a su condición humana común, estar dispuesto  a hacer la vista gorda y a reírse de sus desaciertos como todos los demás. “En esto consiste la comedia de la vida”.
Después de leer esto, no se puede pensar que toda locura sea un desastre. Hay pues, según la obra, dos tipos de locura: “La que envían las furias vengadoras desde el infierno cuando lanzan serpientes venenosas y asaltan el corazón de los hombres con la sed de la guerra, la sed inextinguible del oro, el parricidio, el incesto, el amor prohibido y criminal, el sacrilegio o cualquier peste”, es decir, esa locura que lleva a la destrucción de la vida humana  y la civilización. Pero hay también una segunda locura que procede de Estulticia y es deseable por encima de todo: “Aparece cuando el alma se siente liberada de las preocupaciones y angustias por una especie de desvarío”. Este desvarío, esta nueva locura proclamada por Erasmo es un tono nuevo de humor que facilita reírse de uno mismo y lleva al juicio irónico.
“Negar esta última locura vacía la vida del hombre, que se ve obligado entonces a llenar ese vacío con una especie de dios que no ha existido nunca”.
Un hombre es tanto más feliz cuanto más insensato, siempre que se trate del tipo de insensatez debido a Estulticia. “Nadie puede vivir sin mí”, dice la locura. “Estoy convencida de que por doquier soy venerada con la devoción más sincera, ya que todos los hombres me llevan en sus corazones, me manifiestan en sus costumbres y me imitan en sus vidas”.
Después de estas palabras, Estulticia termina diciendo: 
“Se ha hecho el elogio de la estulticia: bebed, vivid”.

Conclusiones
Aunque Erasmo hace desfilar ridículamente a poetas, filósofos, escritores, reyes, cortesanos, clérigos, papas…, su Elogio no es un pasatiempo frívolo ni una burla de la condición humana, si bien mantiene el tono de humor todo el tiempo.
En una carta dirigida al teólogo humanista Martin Dorp, Erasmo explica que al escribirla ha seguido los consejos de Quintiliano y de Cicerón, quienes sostenían que el placer captura mejor la atención del lector y la mantiene. Por eso ha tratado las verdades con humor sin apuntar a herir ni a ofender. Se ha limitado a subrayar lo que hay de absurdo o de cómico en el hombre, no lo repugnante, pero al hacerlo –añade- “toco cosas serias y oriento en lo que creo que la gente debe de oír”.
Y ¿qué cosas son estas que Erasmo quiere que escuchemos? ¿Que saber vivir es más importante que la tan idealizada sabiduría? ¿Que no se aprende a ello en los libros? ¿Que este saber vivir no tiene que ver con encontrar el sentido de la vida sino más bien con aprender a aceptar su falta de sentido con humor? Esta es la lectura que propongo. Y de ello podemos deducir que estar contento solo tiene que ver con saber disfrutar de la vida y no con que todo vaya bien. Y que cada uno tiene que descubrir lo que le hace sentir bien, que con frecuencia no es algo demasiado relevante socialmente ni por supuesto esencialmente productivo. 
Me parece que la importancia de la obra de Erasmo no radica en que constituya el manual que nos falta sobre cómo vivir. Apunta a que no son las grandes cosas de la vida las que nos hacen sentir bien, sino esas pequeñas cosas de cada uno que escapan a la homogeneización que sufrimos al vivir en sociedad y que sostenerlas, defenderlas, requiere conocerlas, reconocerlas como el propio grano de locura, amarlo. No se ama tampoco a nadie si no se acepta el suyo.
(*) Erasmo: Elogio de la locura. Madrid: Alianza Editorial, 2006. Todas las citas que hay en el texto están tomadas de la obra.

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