lunes, 20 de noviembre de 2017

DESEOS DECIDIDOS DE DEMOCRACIA EN EUROPA. ALGUNAS IDEAS DEL FORO EUROPEO DE TURIN


El pasado sábado* tuvo lugar el Forum Europeo de Turín bajo el título: Deseos decididos de democracia en Europa. El desarrollo del foro puso precisamente en interrogación su título planteando si se puede hablar en la actualidad de deseos decididos de democracia en Europa o si, por el contrario, habría cierta parálisis al respecto, planteándose entonces algunas posibles salidas de ella.
En la actualidad, la democracia, como la verdad para Erasmo, está en boca de todos, tanto para defender una cosa como para defender la contraria. Es una palabra inflada, a la par que vacía, o una palabra-comodín que puede querer decir cualquier cosa.
Mientras tanto el resurgir de distintos nacionalismos, con la voluntad de fragmentar no solo los países sino el proyecto europeo mismo, va a la par del auge de proyectos totalitarios sostenidos por las diversas ultraderechas europeas, partidarias de reforzar los propios países amurallándolos contra los otros (ya sean países o emigrantes), contra todo lo que consideran ajeno o extranjero, debilitándolos paradójicamente en vez de reforzarlos.
No solo los mensajes vacíos de los neoliberalismos, que convierten a los sujetos en consumidores de anhelos, o las palabras demasiado llenas de los totalitarismos, reducidas prácticamente a signos imperiosos, atentan de distintos modo contra la dimensión de la palabra que habita el psicoanálisis o contra la libertad de palabra necesaria para su ejercicio. Entonces, las preguntas planteadas eran qué es democracia hoy y qué idea de democracia requiere el psicoanálisis para existir.
Dada la intensidad del debate, me limito a exponer aquí algunas de las ideas que pude recoger (las que más me interesaron, las que pude escribir…) esperando no equivocarme demasiado en lo que intentaron transmitir sus autores ni respecto a su atribución a cada uno de ellos.

Una primera intervención (que justo acababa cuando llegué al foro) se preguntaba si se puede construir un Uno a partir de lo que Freud llamó el malestar en la cultura, para finalizar poniendo de relieve lo inquietante de que, en el siglo XXI, lo que crece, y arraiga en la fraternidad del cuerpo es el racismo.

Gabriele Magrin, profesor de ciencias políticas, partió de la interrelación entre los deseos (de libertad, de autonomía, de ausencia de amo) y la democracia.
La democracia es un espacio de igualdad creado artificialmente por el ser humano para lograr sus aspiraciones. Se trata de un espacio de igualdad donde el otro es tan libre como yo.
El concepto ha evolucionado desde los planteamientos que hizo Platón en su República, crítico con la democracia, a los surgidos en el momento en que el poder deja de considerarse un castigo divino y se ponen los cimientos del Estado moderno, democrático en os siglos XVII y XVIII. Así, en su Tratado político-teológico, defiende el Estado democrático como el único racional y Rousseau expone en el Contrato social, germen de la Revolución Francesa, como este último es un acuerdo estipulado artificialmente para proteger y promover bienes comunes.
Pero, en esta relación entre los deseos y la democracia, surgen dos problemas: Por un lado, la democracia puede oprimir los deseos, deviniendo impermeable a los deseos sociales; por otro, en un sistema donde cada uno tiene derecho a sus deseos (uno circular en auto otro, a que el aire sea respirable, otro a…) la democracia puede quedar desbordada y agotada, el poder democrático no puede contener a los poderes sociales.
Habría entonces “deseo malos” que serían aquellos que dañarían la democracia.
Platón ya lo había anticipado, en el Libro VIII de su República, al decir que el hombre democrático es libre, puede hacer lo que quiere, pero no sabe lo que quiere, por lo que ante la anarquía que introducen los deseos en la vida social buscará un protector que se terminará convirtiendo en un tirano produciéndose así el paso de la democracia a la tiranía.
Aunque Magrin señala que los argumentos de Platón no tienen interés para nosotros, recomienda leerlo porque allí donde concluye su discurso, sobre el gobierno de uno mismo y de la ciudad, ha de comenzar el nuestro.
¿Existen hoy deseos de libertad tan decididos como para incluir la existencia de reglas sobre nosotros mismos y sobre la sociedad? Los deseos cada vez están más fuera de control produciéndose un divorcio entre los deseos de cada uno y la necesidad de gobernar para todos.
Magrin propone crear “zonas francas”, devueltas a las asociaciones y a las pequeñas regiones, para movilizar experiencias y zonas de vida. No será el resurgir de las pequeñas patrias lo que pondrá al ciudadano al resguardo de los poderes financieros o de los señores de la red. Son necesarios auténticos deseos, deseos decididos. Y se requieren sujetos políticos capaces de reivindicarlos, así como instituciones capaces de hacerlas valer.
El panorama parece “negro” pero se trata de aspirar a un panorama “blanco”.

Éric Laurent: el psicoanálisis articula el deseo y el goce y el “deseo malo” es el objeto mismo de la práctica. Podemos deducir del psicoanálisis contemporáneo la posibilidad de hacer una nueva alianza, un nuevo convenio entre el goce y el deseo.
La democracia pura es inestable. Hay que buscar una democracia mixta para contrabalancear la anarquía de los deseos que vemos en una democracia pura, donde cada uno quiere algo distinto. Ello pasaría por restaurar espacios de deseo, con lo que Magrin calificó como “zonas francas”. Hemos de preguntarnos sobre las nuevas formas de poder, mixtas, en Europa.

Joaquín Caretti, psicoanalista ELP y discutidor en la primera mesa, retomó las palabras de Magrin sobre el deseo de libertad, de autonomía, de ausencia de amo y se preguntó si estos deseos existen verdaderamente, haciendo alusión a la tesis que, en el siglo XVI, Étienne La Boetie planteó en su Discurso de la servidumbre voluntaria, que podemos traducir hoy diciendo que en la subjetividad hay un deseo de amo.
Tenemos que escribir nuevas reglas y limitar poderes que están fuera de control.

Xavier Esqué, psicoanalista ELP, planteó que el malestar en la cultura siempre fue de interés para el psicoanálisis. Pero ahora los efectos de la ciencia y del capitalismo ponen en riesgo a este último.
El discurso analítico no puede dejar de criticar las identificaciones ideales ni los S1 porque no ignora el goce que hay en cada discurso. La libertad de palabra es esencial. Pero los psicoanalistas no podemos sustraernos de lo que pasa en el mundo: la posición neutral no es acorde con la política del síntoma.
En Análisis terminable e interminable, Freud se refirió a los saldos de los análisis de los analistas. ¿Cómo ponerlos a trabajar?
Seguidamente se refirió a las dificultades actuales de las relaciones entre Catalunya y el Estado español, introduciendo una breve historia y señalando que hay allí un real difícil de nombrar.
El discurso de un analista debería tener siempre abierta la partida entre la verdad y lo Real, lo Real de la vida.

Éric Laurent: La experiencia de Catalunya nos enseña un resto que pertenece a la división. En otros países de Europa se han tratado las contradicciones entre nacionalidades, pero Catalunya no es un país.
A continuación tomó otros elementos planteados por Esqué como que los jóvenes catalanes se sientes ciudadanos del mundo pero no quieren emigrar a otros lugares para buscar trabajo. Y señaló la contradicción en sentirse ciudadanos del mundo y no querer vivir en otro sitio. La globalización planteó, va de la mano de la emigración.
Por último señaló un goce especial no solo en el independentismo sino también por parte de la derecha española posfranquista, que no escucha el malestar y lo quiere bloquear todo con la ley en la mano.

Joaquí Caretti señaló el problema de tratar en España lo sucedido en la guerra civil que no se resolverá hasta dignificar a los muertos.

Xavier Esqué añadió que tratar el tema de Catalunya a partir de la buena división quiere decir pasarla por la política y no por la confrontación.

Gabriel Magrin señala que Catalunya es una colectividad rica, ¿pensaba contar con el apoyo de los bancos? Por otro lado, se preguntó acerca de  qué idea de Europa implica ese deseo de independencia? ¿Por qué no ha asumido una posición fuerte dentro de la Europa de las regiones, en la que dar un lugar a sus aspiraciones?

Michela Murgia, escritora, planteó que la tolerancia ilimitada lleva a la desaparición de la tolerancia.
No podemos considerar el crecimiento de los populismos en Europa como algo democrático. El populismo niega la complejidad, es un pre-fascismo que rechaza la diversidad de las ideas que representa la democracia. Opone a ella la univocidad de los humores, de los estados de ánimo y de este modo genera un consenso transversal de modo que veinte personas con una idea distinta cada una, es decir, veinte ideas,tienen sin embargo el mismo miedo.
La literatura ofrece un punto de partida para la democracia. Edifica el imaginario de quien lee dando claves de comprensión para el presente. Ningún ensayo por ejemplo permitió cambiar las relaciones familiares como hizo La metarmofosis de Kafka.
El objeto “libro” es un instrumento para la democracia. Con su materialismo excluye la pasividad pues requiere del activismo del lector que confronta su experiencia con la que encuentra en su lectura. 
Es por ello que las dictaduras prohíben ciertas obras. Es importante leer y hacer leer.

Éric Laurent: Las crisis literarias son crisis de la democracia.

Luciano Violante, juez instructor de Torino, se refirió a los populismos como solidarios de regímenes despóticos donde lo importante es ganar, no gobernar.
La democracia nunca es igual a sí misma porque los objetivos de igualdad nunca se terminan de alcanzar, por lo que siempre está en transformación.
Las democracias exigen pensamiento crítico y debate, viven de la verdad. Los regímenes despóticos viven de las mentiras.
Las democracias pueden colapsar bajo las mentiras y los regímenes despóticos colapsan bajo la verdad.
Si consideramos la última campaña presidencial americana, vemos que Hillary Clinton tomó el discurso de la igualdad, mientras que Trump hizo un discurso populista contra la pobreza. Eso caló. Es un discurso directo, que todos pueden entender, que les llega y les toca. Aunque luego lo primero que hiciera fuera  reforzar las leyes migratorias, construir un muro en la frontera con México, echar a los sin papeles, etc.
Violante diferenció entre simplificar y banalizar. Los populistas dicen simplificar para ser entendidos cuando en realidad banalizan. La confusión entre ambas acciones es uno de los problemas con que nos encontramos hoy en día.

Elisabetta Galeotti, profesora de Filosofía política, planteó no ver en Europa deseos de democracia. Y propuso una lectura de la crisis vinculada a los procesos históricos.
Después de la caída del Muro de Berlín se pensó que, en adelante la democracia ya no tendría rivales que habría cada vez un bienestar mayor, mayores derechos e inclusión.
Con la crisis de 2008 estas promesas pasaron a ser irrealizables y esto ha generado falta de esperanza. Hay desconfianza, rabia generalizada hacia la política, que se expresa bajo la forma de los populismos, de la contrapolítica.
Señaló que, sin embargo, no se había subrayado hasta el momento un problema esencial y es que los políticos no tienen un proyecto claro no pueden prometer mucho.
Nadie cree ya que el futuro de las nuevas generaciones vaya a ser mejor que el de sus padres. Hay un sentimiento difundido de pesimismo, que se articula con una critica generalizada a las élites, en las que se incluye  a los profesores universitarios.
Todos los que participan de alguna horma en el poder son considerados corruptos. Por el contrario, los excluidos del poder son considerados no-corruptos, como si la exclusión del poder garantizara la integridad.
Los culpables son por un lado los corruptos, los políticos, etc. Por otro, los que nos quitan el trabajo los emigrantes. Señalar a los culpables funciona.
Hay  políticos dicen que no pueden prometer nada porque la culpa es de los bancos, de los emigrantes, los refugiados, etc.
Ella no propone apelar a un deseo sino a una virtud de racionalidad. La democracia no puede vivir sin racionalidad.
La racionalidad es una virtud que tiene dos caras:
- Una cara epistémica: hay una falibilidad vinculada a nuestra vulnerabilidad; se trata de considerar que la persona con la que hablo es también vulnerable y por ello la respeto.
- Hay un cara moral: trato al otro diferente como un igual, alguien con quien tengo que discutir y al que tengo que respetar.
Por un lado está lo deseable, por otro lo factible. El mundo está lleno de personas distintas. Están la racionalidad y el compromiso que exige cesión y acuerdo. Sin embargo, la racionalidad parece una virtud recesiva.

Éric Laurent: Se trataría del principio de caridad de Davidson, que supone dar por sentado una racionalidad en aquel con el que se debate para entender lo que se dice.
También hace referencia a un principio de minimización de la crueldad de otro autor.

Christiane Alberti, psicoanalista ECF, se preguntó cómo volver a introducir la cuestión de la verdad en política cuando se trata de defender la democracia del relativismo cínico.

Éric Laurent. En la conferencia de Lacan en Louvaine se trata del malestar en la civilización como consecuencia del discurso de las tecnociencias, que cuestiona todas las estructuras sociales. Hay un empuje planetario a la segregación. Lacan propone hacer del discurso analítico un vínculo más amplio que el de la cura, como arma contra la pulsión de muerte.
Hay una paradoja de las relaciones entre el derecho que incluye el derecho a desobedecer, y el significante amo. No hay relación democrática con el amo si no hay el derecho a desobedecer.
El derecho a desobedecer, después de la elección de Trump, se ha planteado como una necesidad frente por ejemplo a su política migratoria.
Estas zonas de desobediencia son las zonas francas de las que hablamos antes, pero la cosa no tendría que limitarse a desobedecer. Las zonas francas han de ser zonas de acción. Hemos de pasar de las pasiones tristes, de la pasiones gozosas a una política positiva.

Joaquín Caretti retomó la división entre subversión y oposición introducida por Christiane Alberti y pregunta cómo puede intervenir el analista por la vía de la subversión.

Elisabetta Galeotti. Se ha visto que las promesas en que está basado el pacto democrático después de la Segunda Guerra Mundial, no se pueden realizar.
El político hábil no tiene que hacer micropromesas, prometer cosas concretas, sino un futuro donde cada uno pueda sentirse bien.
Macron ha sido capaz de esbozar un futuro mientras que Merkel se ha centrado en cosas concretas.

Gabriele Magrin diferencia entre antipolítica y populismo: la primera es un elemento de la política democrática; el segundo por el contrario vampiriza a la democracia y es una amenaza para ella.
Es necesario volver a redactar el pacto de la ciudadanía.

Éric Laurent plantea que no se trata de prometer un futuro de mayor bienestar social sino un futuro que dé esperanza.
Tiene que haber un pacto más cercano. En relación a Catalunya, se trata de la búsqueda de los común, encontrar por ejemplo modos distintos de articularse con el Estado en otras regiones europeas.

Michela Murgia. La presencia de un relato sin posibilidad de contrarrelato es propaganda, una de las fórmulas de los fascismo.

Éric Laurent. Estamos en una época post-trágica. Hay que inventar una fórmula de narración que pueda construir el futuro.

En la mesa de la tarde, Ugo Perone, profesor de Filosofía moral, preguntó cómo percibir las diferencias de una manera que no se vean solo como un problema para poder juntarnos. Distintos somos mejores.

Marie-Hélène Brousse, psicoanalista ECF, habló de “democracias” en plural. Y se refirió a la democracia como punto de discordia del discurso universal.
Tomó la fórmula “El inconsciente es la política” para partir del primer término y no del segundo. La fórmula no nos lleva al padre, como la tesis contraria (“La política es el inconsciente”) sino a la cuestión de la verdad.
Trajo un video con un fragmento de la obra de teatro Democracy in America, de Romeo Castellucci, basada en la obra homónima de Alexis de Tocqueville, donde el autor plantea un fundamento distinto de la democracia estadounidense respecto a la europea, heredera esta última de la griega y compatible con la declaración de los derechos humanos.
La democracia estadounidense sería la democracia como tiranía de la mayoría de lo cuantitativo.
En la escena contemporánea la mayoría es el S1 que ha sustituido al Padre. En Una fantasia (2004)  Miller planteaba como el S1 es sustituido por el objeto.
Tendríamos dos modalidades de enunciación:
1. Una democracia que procedería de un discurso que desde el lugar del ideal enunciaría un “nosotros” en oposición a un “ellos”, tal como distingue Miller en la Teoría de Torino sobre la escuela sujeto. Esto da lugar la a un aumento de los nacionalismos,  a un aumento de las minorías, de los excluidos.
2. Una democracia desagregativa, desmasificante que procede de una enunciación distinta, disociativa, emitida desde el lugar del Ideal.
No existe un “nosotros” de los cuerpos. Los parlêtres sufren soledades únicas e irremediables en serie, no en grupo.

Miquel Bassols miembro de la ELP, presidente de la AMP: Es una democracia para no-todos.

Alfio Mastropaulo, profesor de Ciencias políticas. La palabra “democracia” en la actualidad es usada por todo el mundo: el Papa, Berlusconi, Trump, Macron, Rajoy, el independentismo catalán… Hay una banalización del uso de la palabra: todos la usan para sus propios intereses.
Tendríamos que buscar otra palabra. Aparte de la democracia no hay solo la tiranía: hay más posibilidades que tendríamos que explorar.
Los límites de la democracia no son fáciles de establecer.
Los nuevos partidos que se denominan populistas son en realidad fascistas. Toman la voluntad popular como símbolo. Solo un gobierno democrático permite la diferencia.

Domenico Cosenza, psicoanalista presidente de la FEEP y discutidor en la segunda mesa: Hay un uso perverso de la democracia, que utiliza los semblantes de esta última para fines no democráticos.
Mientras que la ética tiene un valor absoluto, la política es el arte de la mediación de lo posible.
En democracia, las ventajas del “para mí” son contingentes y es mejor que estén articuladas con un proyecto para todos.

Ugo Perone: tenemos que volver a pensar Europa juntos, a una manera de pensar común.

Yves Vanderveken, psicoanalista ECF y NLS, se refirió al libro Le Prince et la cité moderne, de Blandine Kriegel donde hay un nudo entre Estado y derecho que debe mantener su consistencia para cernir lo imposible.
El analista sabe que el síntoma no se cura mediante el dominio.

Domenico Cosenza se refirió al síntoma como insurrección. Hay una politicidad del síntoma que permite introducir algo vital en el juego democrático.
La democracia no quiere decir “libertad absoluta”, quiere decir “reglas”.

Miquel Bassols, psicoanalista, miembro de la ELP y presidente de la AMP, señala que la “luz interior” de la que hablaba Simone Weil no es una creencia sino una certidumbre sobre lo real.
La democracia implica una elección que no es un automaton, como los algoritmos.
No podemos hablar de una élite tecnodemocrática porque la ciencia no es democrática.

Marie-Hélène Brousse: La representatividad es estructural a la democracia. En la actualidad asistimos a una caída de la representatividad en favor de la presentación, como vemos en las redes sociales.
Las minorías son un Uno colectivo que hacen avanzar tanto la democracia como la segregación a partir de las modalidades de goce.

Éric Laurent: Hemos llegado a propuestas precisas sobre los malestares en la democracia que hacen nacer pasiones tristes. Uno de los modos de combatirlas es movilizar una antipolítica del miedo. El miedo ha llevado a una enfermedad de la democracia, a una parálisis. Hay en la actualidad un empuje hacia la inseguridad, hacia el miedo; un miedo que no permite detectar el objeto de peligro, el enemigo. El enemigo es el objeto de adoración de un amo que pronto va a llegar.
Para no debemos dejarnos seducir por el miedo, por el contrario hay que potenciar las figuras del deseo.
La enseñanza de Lacan subraya que la legitimización del deseo del niño, por parte del padre, suaviza la angustia. En un mundo en que el Padre ya no organiza el deseo, hemos de buscar formas nuevas del deseo.
Podemos apelar a los ideales para despertar nuevos deseos, siempre que sean sustanciales, concretos. Otros ponentes han hecho referencia a las virtudes.
Muchos apelan a una razón que une, unificadora, en la línea que
Margaret Thatcher había dicho: “No hay alternativa”. Es la búsqueda de un pensamiento único que pone de relieve el cálculo de los mejores resultados. Los algoritmos, la big data que permite guardar todo lo que es comportamiento, proporcionan en la actualidad una nueva imagen de la razón unificadora.
El psicoanálisis abre otra dimensión.
Marie-Hélène Brousse actualiza esta perspectiva que trazó Lacan en el Seminario 6 cuando anticipó el desarrollo de esta reivindicación del goce que marcaría la década de los 60 antes de la contrarrevolución. Fue una rebelión contra la rutina social, contra el orden patriarcal… Este movimiento de los 60, se modernizó más tarde como movimiento de las minorías LGBT, que forma parte de movimientos ciudadanos locales.
El movimiento LGBT derrota las grandes escenas políticas tradicionales y pone en evidencia la igualdad de derechos. Hace hincapié en el punto de vista de las minorías: hay puntos de vista distintos que no se pueden meter en las mismas casillas.
En su compendio Rasemblements, Judith Butler, toma las manifestaciones y sitúa el poder de los cuerpos manifestándose juntos frente a la vulnerabilidad. 
Hay un más allá de la política de las identidades que permite ampliar el espacio público a aquellos que son excluidos de él. Toda estas categorías no reconocidas tienen que ir juntas en la categoría de los que no tienen nombre.
En Por una política de los seres hablantes, Milner Jean-Claude Milner toma en consideración a los que no tienen una identidad reconocida y lo hace desde los derechos del hombre, que son distintos de los derechos de ciudadanía.
Los que no tienen derecho a la ciudadanía no tienen el derecho a los derechos humanos que permiten sostener una política de lo universal.
En el Seminario 23, Lacan nos remite a esto y nos dice que la historia es la de los cuerpos exiliados, deportados.

Se trata de pensar una política más allá de la política de las identificaciones, que lleva al voto narcisista al que se parece a mi. Milner se refiere a este más allá de las identificaciones en el sentido de lo real.
* 18 de noviembre de 2017, Palazzo Einaudi, Turín.