domingo, 21 de abril de 2013

DESPUES DEL EDIPO TODOS ANALIZANTES. RESEÑA DEL SEMINARIO DE LA ESCUELA EN LA COMUNITAT DE CATALUNYA


"Una habitación donde siempre llueve"( 1992), de Juan Muñoz. Plaza del Mar, Barcelona. Foto de Barcelona Skyline


El pasado 6 de abril se celebró en la Sede de Barcelona de la Comunitat de Catalunya de la ELP, el seminario que el Consejo de Administración puso en marcha en cada comunidad como trabajo preparatorio del Segundo Congreso Europeo de Psicoanálisis, PIPOL 6: Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro.
Después del Edipo, todos analizantes fue el título elegido por el Consejo para esta mañana de trabajo. En la presentación, Begoña Ansorena, secretaria y tesorera de la CdC-ELP, recordó el contexto del título y sus coordenadas: el Consejó lo decidió en relación al tema de las simultáneas de PIPOL 6 y, en las orientaciones que nos dio para el trabajo, planteó que se trataba de explorar “la triangularización formada por el caso, la institución y la experiencia del practicante como analizante”. Podemos extraer allí, señaló, tres ejes: “El del terapeuta con el paciente (el caso), el del terapeuta con la institución, y el del terapeuta con su propio análisis”. Después del Edipo trae a primer plano así la fórmula “todos analizantes”: “El practicante –sitúa el texto del Consejo- es también (en otra escena, pero no segregada) analizante. (…) Todos iguales frente a la experiencia del inconsciente y de lo real, pero también uno por uno en la no-relación singular”.
El seminario se organizó alrededor, y a partir, de los trabajos de tres miembros de nuestra comunidad: Susana Brignoni, Estela Paskvan y José Ramón Ubieto. Y contamos para su despliegue, con los comentarios y la animación de dos miembros del Consejo que se desplazaron a Barcelona para trabajar con nosotros: Mónica Unterberger (Madrid), y Fernando Martín Aduriz (Palencia).
Después de la breve presentación, los tres ponentes leyeron sus textos. Pudimos escuchar las distintas resonancias que el título y las orientaciones del Consejo habían producido en cada uno de ellos, así como la elaboración singular que habían seguido. Como los textos saldrán publicados en Freudiana 68, me limitaré aquí a reseñar las cuestiones que más resonaron y se retomaron en el debate posterior.

Algunas cuestiones extraídas de los textos
Susana Brignoni comenzó interrogando el término “analizante” para situar seguidamente que un analizante extrae consecuencias de su propia experiencia. Afronta el encuentro con el S(A barrado) y avanza en permanente tensión entre la elaboración de saber y el agujero a mantener hasta el encuentro con el acontecimiento de goce, producto del encuentro entre el significante y el cuerpo: eso que goza en silencio pero que sin embargo habla.
A partir de la experiencia con el propio goce, el analizante puede hacer algo con él y con el otro: su propia experiencia sobre lalengua le da acceso a la del otro.
El texto de José Ramón Ubieto ilustró acerca de cómo la experiencia extraída de su propio análisis sobre unas respuestas hiperactivas que afectaban a su cuerpo, en forma de accidentes sin subjetivación posible, le permitieron descompletar el diagnóstico de TDAH con el que vino un niño a la consulta y orientar la cura hacia la invención sintomática.
La frase materna “eres un inconsciente” que sancionaba estas conductas propias le llevó a la cuestión de la inconsciencia del padre, bajo la forma del reproche “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?”. Sin embargo, su análisis le llevó a poder situar después que, en el encuentro con el goce, el silencio del Otro es estructural. Cernir ese punto le permitió entender que hay en cada caso algo fijo que el sujeto no puede dejar de atender, y que ese algo tiene que ver con el eco en el cuerpo de un decir.
Entonces, tal y como señaló Estela Paskvan, después del Edipo la brújula es el sinthome, lo real del goce como acontecimiento de cuerpo. El analista del siglo XXI es aquel que, en los distintos lugares donde ejerce su práctica, enfrenta los nuevos malestares del siglo. No se trata tanto de dónde trabaja sino de que, lo haga donde lo haga, se mantenga en el discurso analítico.
Trabaje solo o con otros, en el momento del acto, el analista siempre está solo. Por eso es necesaria una Escuela donde proseguir la formación que es permanente y donde resolver los interrogantes que la clínica plantea. Se trata de construir una comunidad de experiencia.
El analista actual -señaló- es discreto. Sin embargo, generar y participar en movimientos es más y más perentorio; la urgencia por defender la causa analítica es cada vez mayor.

La conversación
En la segunda parte, tuvo lugar el debate que estuvo coordinado por mí misma, en tanto directora de la Comunidad, y animado por Fernando Martín Aduriz y Mónica Unterberger, los dos consejeros que vinieron a trabajar con nosotros. Por mi parte, me pareció interesante subrayar que para aproximar un tema es necesaria siempre una posición de lectura, lo que conlleva poder poner una distancia, un cuestionamiento, una desuposición de saber (1), no solo sobre lo que se nos dice, como señaló Lacan en 1972, sino también, como él mismo había señalado ya en 1955 (2), en relación a uno mismo, a lo ya sabido. Es importante no dar el enunciado por evidente sino hacer el ejercicio de transformarlo en una x, un enigma, abordarlo con un ¿qué quiere decir? Esto se pone especialmente en juego cuando el título se presenta como una afirmación, como ocurre con el título del Segundo Congreso europeo o con el título mismo de este seminario. Es necesario dialectizar estos enunciados afirmativos, con el fin de que no devengan imperativos y, al enmudecernos, nos impidan producir.
A continuación, cada uno de los consejeros desplegó un comentario recogiendo distintos puntos de cada texto.

Mónica Unterberger señaló de entrada el malestar actual de la civilización, cuyas coordenadas son la ciencia y el capitalismo y cuyos síntomas visibles irrumpen tanto en la cultura como en el caso por caso. El psicoanálisis tiene cada vez instrumentos más afinados para abordar unos y otros, pero tenemos que cuidar –precisó- la manera en que nos relacionamos con este saber, la forma en que lo usamos.
En esta línea, hizo referencia al planteamiento que hace Christine Le Boulengé (3), en relación a su experiencia en la institución: si los significantes que utilizamos en psicoanálisis están en posición de ideal son ineficaces, no podemos servirnos de ellos para orientarnos en la clínica: no agujerean el discurso del amo sino que lo alimentan.
Por ello, el trabajo de las simultáneas del Segundo Congreso pretende sacar a la luz el trabajo de los practicantes en las instituciones, tomando en consideración las dificultades con que ellos se topan pero también los hallazgos que les permite su posición de analizantes, así como el discurso que sostiene o atraviesa a cada una de ellas.
Entonces, se trata de tomar el “todos analizantes” no como un ideal sino como una orientación, un enunciado que permite depurar la experiencia analítica de cada uno. Y, así, acceder “a la función del saber en su modo más subversivo” (4).
En relación al sintagma lacaniano “después del Edipo”, presente tanto en el título del congreso como en el del seminario, Mónica Unterberger insistió también en que se trata de ponerlo a trabajar. De ningún modo implica prescindir de la estructura sino que se trata de ver los anudamientos RSI de cada uno, lo que hace de marco, lo que desborda el marco, lo singular.
¿Cómo puede abordar el psicoanálisis las manifestaciones del real sin ley propio de nuestra época que se manifiesta en un recrudecimiento del fundamentalismo institucional, en la locura del cientificismo ilimitado, en el desenfreno obsceno del capitalismo y en un malestar que, a veces, lleva a lo peor? Ésta es la urgencia –señaló Mónica Unterberger, que convoca a los psicoanalistas hoy.

Por su parte, Fernando Martín Aduriz comenzó haciendo referencia a un artículo de Javier Sampedro, publicado en El País digital dos días antes (4.4.2013), con el titulo: “La verdadera interpretación de los sueños”. Tal como avanza el subtítulo, “Científicos de Kioto logran descifrar la actividad de la mente dormida”, el autor plantea en el texto que la neurología ya está solo a un paso de leer los sueños, si es que no lo ha dado ya, porque “Yukiyasu Kamitani y sus colegas del Laboratorio de Neurociencia Computacional ATR, en Tokio, han puesto a punto una especie de diccionario que traduce la actividad cerebral de sus voluntarios humanos durante el sueño”. Hay que decir, lo cual ya habla por sí solo, que además la muestra estudiada fueron tres individuos.
Fernando Martín Aduriz explicó que al ver el título en el periódico digital, él y otros colegas consiguieron presionar para que en la primera página de la versión impresa se cambiara por: “La interpretación real de los sueños” (El País, 6.4.2013). Así, si en la versión primera se da a entender que hay una interpretación verdadera de los sueños, que no es la nuestra, en la segunda versión, no se trata de que nuestra versión no sea verdadera sino que quizás sea un poco irreal, lo cual es un impacto un poco menor.
En todo caso, es un ejemplo más entre muchos que confirma la urgencia, señalada por Estela Paskvan en su texto, de defender la causa analítica. No podemos no participar.
El TDAH, que toma José Ramón Ubieto en su texto, es un significante amo actual que da una versión desubjetivada del sufrimiento humano. Y nosotros -señaló Martín Aduriz- podemos incidir en él.
Pero, ¿cómo podemos hacerlo? Retomó entonces una frase del trabajo de Susana Brignoni según la cual “los psicoanalistas somos sabios de un saber sobre el que no podemos conversar” (5).
¿Cómo hacer para que nos asociemos, para no dejar de hacerlo, para sostener una Escuela construida sobre un imposible, cómo hacer lazo con el otro, cómo soportar la diversidad y sostener nuestra singularidad?
Por otro lado, ¿qué analista después del Edipo? Se refirió de nuevo entonces al texto de Estela Paskvan: el analista es el que surge del desecho, el que sabe serlo. Ha de aceptar la opacidad de lo real del goce que nunca se liquida, que insiste en volver siempre al mismo lugar.

A continuación, se inició el debate que fue muy animado y contó con numerosas e interesantes intervenciones. Por razones de extensión, me limitaré a señalar asimismo solo algunas de ellas.
Hebe Tizio señaló que el sintagma “después del Edipo” es una orientación a tomar el discurso analítico desde otra perspectiva, con un uso más pragmático.
En el fondo, implica un cuestionamiento del analista que, tal como señala el término “analizante”, es un producto del discurso analítico, no es extraterritorial. Cuando Lacan hablaba de su posición analizante se preguntaba: “¿De dónde viene eso, esa enseñanza cuyo efecto soy?” (6).
Francesc Vilà señaló la pasión actual por la univocidad de la lengua, por querer eliminar su equivocidad: por ejemplo se diagnostica de TDAH, de manera unívoca, a un niño con problemas de atención.
José Ramón Ubieto retomó una frase del texto de Susana Brignoni, “La conversación es la manera de hacer con el imposible”, para señalar que el progreso de la tecnología y el discurso de las neurociencias avanzan en la dirección de borrar el imposible con un ideal de univocidad sin querer saber nada, sin hacerse cargo del retorno pulsional que ese borramiento produce en sus modos más funestos. El analista no puede abstenerse de intervenir para señalar ese funcionamiento sintomático.
A continuación surgieron varias preguntas y comentarios en relación al tema del saber del analista, y de su no saber.
Volviendo a la cita de Lacan mencionada antes, “Los psicoanalistas son los sabios de un saber acerca del cual no pueden conversar", Susana Brignoni señaló que la conversación requiere la caída de la posición de sabio. Hay que pagar con la propia persona, como hizo el mismo Lacan, para poder avanzar.
Mónica Unterberger hizo hincapié en operar desde el “no saber”, noción que, como advirtió también Estela Paskvan, no se debe banalizar. No se trata de no saber sino de una posición en relación al saber. Me parece que en este punto podemos recordar que Freud mismo ya había señalado la necesidad de “olvidar” lo ya sabido y escuchar cada caso como si fuera el primero. Podemos resumir: la necesidad de escuchar. Lacan retomó el consejo freudiano en el  subtítulo de uno de sus escritos: “Lo que el psicoanalista debe saber: ignorar lo que sabe” (7). Unas páginas más adelante añadió que el analista no se puede adentrar en la práctica sino “reconociendo en su saber el síntoma de su ignorancia”. (…) La ignorancia no debe tomarse aquí como una ausencia de saber sino (…) como una pasión del ser, una vía en la que el ser se forma, y que es la forma más elaborada del saber (8).
Ese mismo año, Lacan hace un señalamiento similar en relación a la lectura cuando se pregunta qué quiere decir saber leer: hay gente que parece que lee pero solo lo simula: ya “sabe” lo que pone el texto y ya no se molesta en leer lo que pone (9).
Entonces, se trata de interrogar en este caso el título “todos analizantes”. No dar por supuesto lo que quiere decir. Cuando nos interrogamos sobre ello, y mostramos nuestro no saber, lo que no entendemos, algo de lo que decimos puede resonar en otros, en lo que ellos tampoco entienden. Y esto permite conversar y avanzar.
En relación a esto, el nuevo título del Segundo Congreso también ha sembrado desconcierto -como sabemos, el título cambió el pasado mes de marzo después de unos días taquicárdicos de eventos y noticias: liberación de Rafah, Conversación Clínica en Barcelona, creación del Instituto Internacional Jacques Lacan. Tengo que decir que, de entrada, yo también sentí desconcierto. Sin embargo, el nuevo título ha adquirido para mí después toda su lógica.
Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro, podemos pensarlo me parece como una vuelta más respecto al título de este Seminario de la Escuela. El “todos analizantes” implica mantener abierta la dimensión del agujero del S(A barrado), es decir, salir del funcionamiento “todo” que provee el falo y regirse por la lógica del “no todo”. Esto lleva a “las mujeres se conjugan en futuro”, entendiendo este enunciado lógicamente: en tanto la lógica del “todo” es la lógica de la tradición y de lo ya escrito, es decir, una lógica masculina, la lógica femenina del “no todo” es la lógica del futuro. Ella atraviesa los modos de lectura tradicionales para leer la clínica y la civilización a partir de la lógica del “no todo”. Sin embargo, me quedan dos interrogantes: ¿Por qué hablar de las “mujeres” si estamos hablando de la lógica femenina? ¿Y por qué seguimos refiriéndonos al futuro cuando esa lógica hace tiempo que ya está aquí sin esperarnos?

Para finalizar, quiero agradecer en especial a Susana Brignoni, José Ramón Ubieto y Estela Paskvan, cuyos textos nos permitieron trabajar, así como a Fernando Martín Adúriz y Mónica Unterberger su compañía, su tiempo, su esfuerzo  y sus aportaciones, que han sido importantes para nosotros, así como la compañía, aportaciones y comentarios de todos los asistentes y participantes. Todo ello ayuda a construir y sostener una comunidad de experiencia.

Notas:
1. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires.: Paidós,  1992, pp. p. 80 y 83.
2. Lacan, Jacques: El Seminario, libro III: Las psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1984, p. 297.
4. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XVI: De un Otro al otro (1968-1969). Buenos Aires: Paidós, 2008, p. 220.
5. Lacan, Jacques: “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” (1967). En: Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 379.
6. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires.: Paidós,  1992, p. 38.
7. Lacan, Jacques: “Variantes de la cura-tipo” (1955). En: Escritos, t. I. México: Siglo XXI Editores, 1984, p. 338.
8. Ibídem, pp. 344-345.
9. Lacan, Jacques: El Seminario, libro III: Las psicosis, op. cit., p. 297.

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