sábado, 21 de marzo de 2020

TIEMPO DE INCERTIDUMBRE

Coser la tierra. Fotografía de Lucía Loren
Una cuestión que me llamó la atención estos días fue escuchar cómo algunas personas que habitualmente tenían problemas para dormir, lo hacían mucho mejor desde que iniciaron la cuarentena decretada por la pandemia causada por el COVID-19, a pesar sin duda de los niveles variables de preocupación y angustia que, por otro lado, cada uno de ellos tenía. Otros colegas, me confirmaron haber escuchado declaraciones parecidas.
¿Será, me pregunté, que el parón forzoso ha producido un corte con la aceleración habitual propia del capitalismo avanzado en que vivimos inmersos, y eso puede producir por ejemplo que algunos puedan conciliar mejor el sueño? ¿O puede ser que haya aumentado el deseo de dormir entendido como deseo de no estar despierto ante las expectativas sombrías que se nos presentan?
No hay duda de que la pandemia sacude abruptamente todas nuestras seguridades, lo que afecta a nuestra idea misma de realidad, y pone a cada uno de nosotros frente a un real, con el sentimiento de desamparo concomitante. 
La situación de pandemia es calificada por la OMS de emergencia, término que comparte con el de urgencia un matiz al menos: el de la necesidad de un tratamiento inmediato. Pero el término de emergencia introduce cuando menos otro matiz: la existencia de un riesgo inminente para la vida. 
Esta pandemia incluye ese riesgo con el consecuente temor para cada uno, pero también implica el del miedo a perder nuestro mundo. Así hace patente el término “transitoriedad”, con el que Freud tituló un breve artículo en 1915 (1), y en el que introduce ya su teoría del duelo que desarrollará poco después. Hablo de la transitoriedad de la vida misma, pero también de las sociedades, de los sistemas de vida, de nuestras logros y de nuestras relaciones, de nuestras ilusiones, es decir, de nuestra castración. 
El mundo está cambiando, avanzamos hacia escenarios inciertos. No es que no lo sepamos desde hace tiempo, pero la situación actual, de características inéditas en nuestra vida y nuestra experiencia, posibilita pensar que ese cambio podía ser más rápido y brutal de lo que esperamos. 
Esa simple idea constituye ya una pérdida, lo que moviliza nuestra relación con la castración.  Se ha iniciado un duelo sin que probablemente aún nos hayamos dado cuenta del todo, sumidos aún en la perplejidad ante el agujero que se nos abre en nuestra representación del mundo, que parecería poder correr el riesgo de disolverse.
Tiempo de ver, tiempo de comprender... Todo ha sido demasiado rápido, tal como señala Marie-Hélène Brousse en un texto reciente (2), creando una especie de cortocircuito en los tiempos de ver, comprender y concluir (3).  Como arrastrados por un tsunami imprevisto, pasamos en poco tiempo de que las cosas ocurrieran en una provincia alejada del interior de China a la vecina  Italia, y de repente aquí, como si nosotros, el mundo entero, fuera arrollado por un tsunami. 
Aún estamos ahí, lejos del momento de concluir, inmersos en la incertidumbre. Aún pueden abrirse escenarios distintos. 
Pero de momento hemos entrevisto algo: nuestra transitoriedad y la del mundo en que vivimos.
Quizás de ahí el silencio excesivo que se escucha en estos primeros días de cuarentena -y que permite por otra parte  escuchar  a los pájaros en las ciudades o escuchar mejor los aplausos emocionados cada noche a las 20h al personal sanitario. 
Quizás de ahí también la hiperactividad en general que se aprecia estos días  en el mundo virtual (reuniones, nuevos carteles, proyectos nuevos, etc.), que nos hace tener un horizonte de normalidad. También  la que se manifiesta estos días en muchos grupos de whatsapp, rebosantes de videos humorísticos sobre la situación: ¿defensa? ¿huida? En cualquier caso, todo ello, tratamiento, respuesta a la angustia. 
Quizás también esto permite situar las palabras que aparecen por todas partes en las redes sociales y fuera de ellas: no estar solos, cuidarse, estar en contacto, mantenerse juntos.
Si Lacan plantea que el capitalismo forcluye la castración (4), y por ende, las cosas del amor; en cuanto reaparece la soledad de la castración para cada uno, con ocurre ahora, también aparece la necesidad del vínculo como tratamiento urgente de la soledad.
Se trata de leer el momento pero, también, de estar atento y poder escuchar las respuestas nuevas que vendrán.


Notas:
(1) Freud, Sigmund, “La transitoriedad”, Obras Completas, vol. XIV, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1984.
(2) Brousse, M.-H., "Les temps du virus", publicado originalmente en francés en Lacan Quotidien nº 876, el 20.3.2020. He colgado una traducción en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/notes/margarita-álvarez-villanueva/los-tiempos-del-virus-por-marie-hélène-brousse/2788095831226881/
(3) Lacan, J., "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada", Escritos 1, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013.
(4) Lacan, Jacques, Hablo a la paredes, Buenos Aires, Paidós, col. “Paradojas de Lacan”, pág.106.

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