jueves, 9 de septiembre de 2010

RESEÑA DE "LAS VICTIMAS Y NOSOTROS" DE IÑAKI VIAR

Gárgola del Duomo de Milán, 2008. Detalle gárgola. Foto de Margarita Álvarez.
Recientemente Iñaki Viar, psiquiatra y psicoanalista miembro de la ELP, fue invitado por el Grupo de Psicoterapia Analítica de Bilbao, a dar una conferencia sobre los efectos psíquicos del terrorismo en el País Vasco.  La ponencia tuvo por título "Las víctimas y nosotros".
Como él mismo señaló de entrada, fue la primera vez que un medio relacionado con la salud mental iniciaba una conversación sobre los efectos que el terrorismo ha tenido en el País Vasco.
A partir de algunas noticias aparecidas esos días en el diario, Viar abordó en primer lugar la cuestión  del duelo por las víctimas del terrorismo, por parte de sus familiares y amigos, de otro modo víctimas del mismo. Si en la elaboración del duelo el respeto por la memoria de la persona perdida es esencial, la injuria acusatoria que hace de él un “enemigo del pueblo”, añadió, lo dificulta enormemente. Las familias no encuentran la paz en las reflexiones  comunes ante la muerte porque, en este caso, alguien, que puede representarse como un Otro social, ha querido la muerte del ser querido, que además sigue siendo injuriado después de muerto.
Esto hace que muchos familiares sientan la necesidad de recuperar el honor familiar lo que les empuja, en muchos casos a no cejar, como Antígona, hasta conseguir las exequias que sus seres queridos merecen.
Viar planteó la importancia de que las instituciones públicas, debido al poder simbólico que representan, reconozcan a las víctimas para desplazar a ese “Otro del daño” y restablecer el lazo social. El ejercicio de memoria de las víctimas, señaló, es un deber de la sociedad democrática, ayuda a la elaboración del duelo y previene el desencadenamiento de más violencia.
Hay otro tipo de víctimas, señaló, que viven bajo el efecto permanentemente de las amenazas. Viar aportó algunas viñetas clínicas donde esta situación coincidía con la irrupción de distintos síntomas, sin que el sujeto a menudo lo relacionara. El tratamiento, en estos casos, apunta a la responsabilidad del propio sujeto, a su modo de respuesta, para solucionarlo.
Otras víctimas distintas son los jóvenes que han entrado en la vía del activismo radical: adolescentes que comienzan con prácticas violentas y que, en una progresión siniestra, quedan atrapados en ellas.
En relación a la violencia juvenil señaló múltiples causas. Unas son históricas, pero otras tienen que ver con síntomas propios de nuestra época, marcada por el declive de la función paterna y, por tanto, de su función separadora del goce. Encontramos las llamadas patologías del acto: el consumo de tóxicos, el gregarismo violento... Pero sin duda, la principal causa, subrayó Viar, es “la persistencia de un discurso de mitificación de la violencia, que soporta un ideal identitario basado en erigir un Otro que integra totalmente el mal y por ello debe ser eliminado. Este discurso ofrece a los jóvenes una vía de satisfacción pulsional en la justificación de una praxis de la violencia”.
Los efectos que décadas de terrorismo han producido en la sociedad vasca han sido el miedo y sus consecuencias de silencio e inhibición. “Se trata de los efectos que se producen cuando la muerte está presente como telón de fondo”. La cuestión decisiva es la respuesta a ese miedo, que exige, afirmó, un “liderazgo democrático firme y legitimado”. Los ciudadanos necesitan la personificación de un ideal liberador para que las gentes establezcan su vínculo libidinal con él y se decidan a actuar.
Poco a poco se ha ido gestando otra actitud ante el terror. Viar ubicó en el asesinato del joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, un cambio de posición subjetiva, que constituyó “una revolución política”: una gran mayoría de “ciudadanos no solo repudiaban el crimen sino que emplazaban a instituciones, gobiernos y partidos a asumir una responsabilidad ineludible”.
En “Totem y tabú”, señaló a continuación, Freud explicó el origen de la ley "que hace iguales en derechos y deberes a todos los miembros de una sociedad”. Toda muerte producida a un miembro de nuestra sociedad nos concierne en tanto rompe el pacto simbólico fundante de la misma. Por eso, la inhibición genera culpa que, como gracias a Freud sabemos, es el único sentimiento que puede quedar inconsciente pero no sin causar efectos sintomáticos como su transformación en agresividad. Esto se puede constatar en la hostilidad expresada frecuentemente contra las víctimas.
Asumir la responsabilidad es la única manera de tramitar esa culpa y de poder dirigir la libido en el sentido de nuestro deseo. “De lo que se trata –terminó diciendo- es de que, al final de esta pesadilla se pueda construir un relato trasmisible a las generaciones venideras de cómo, en este lugar y este tiempo, se consiguió una victoria sobre la pulsión de muerte que habita la condición humana”.

1 comentario:

Silvia Bermúdez dijo...

En lo inconciente somos una gavilla de asesinos. S Freud
Me parece q a esa violencia de la pulsion de muerte en nta época toma y se sirve como un valor palmario LO Q SOLEMOS LLAMAR EL EFECTO DE LAS IMÁGENES, LO VIRTUAL,LA INMEDIATEZ DE UNA TEMPRALIDAD MODEL 5G!interesante lo q plantea Iñaki . Silvia Bermudez