viernes, 23 de julio de 2010

LA PSICOLOGIA CIENTIFICA QUE NOSOTROS RECUSAMOS. COMENTARIO DEL TEXTO ¿QUE ES LA PSICOLOGIA? DE GEORGES CANGUIHLEM

Valle de Arán, 2010. Foto M. Álvarez.
En “Subversión del sujeto...”(1), Lacan plantea que tratará de definir la subversión del concepto de sujeto operada por el psicoanálisis. Para ello dice no poder recurrir a la psicología, que se ha constituido bajo la etiqueta de científica -que recusa-, porque la función del sujeto tal como la instaura la experiencia freudiana descalifica totalmente el concepto de sujeto con el que la psicología opera y que tiene como criterio “la unidad del sujeto que es”.


Encontramos aquí una crítica, por parte de Lacan, de la concepción psicológica de la unidad de la conciencia y su función de síntesis. Para Lacan, la única función homogénea de la conciencia está en la captura imaginaria del yo por su reflejo especular y en la función de desconocimiento ligada a ella.
Por ello, Lacan critica “las desviaciones” del psicoanálisis anglosajón, la llamada “Psicología del yo” (Egopsychology) que, a la par que ignora la última enseñanza freudiana sobre la escisión del yo, “se aplica en volver a las filas de la psicología” (2). En tanto borra la división constitutiva del sujeto y defiende una concepción unitaria del yo, la psicología se encarga de vehiculizar el ideal, que Lacan califica de “siervo de la sociedad”. De esta manera, la psicología misma deviene servil (3).
Para trabajar este punto, he elegido el artículo “¿Qué es la psicología?” (4) de Georges Canguilhem, filósofo y director en ese momento del Instituto de Historia de las Ciencias de la Sorbonne, que recoge la conferencia que impartió el 18 de diciembre de 1956 en el Collège Philosophique. Lacan hace referencia a ella al final de sus Escritos (5).

I. Sobre “¿Qué es la psicología?” de Georges Canguilhem
Con esta pregunta, el autor pone en cuestión de entrada el estatuto científico y autónomo de la psicología, e incluso, dice, la existencia misma del psicólogo, en la medida en que al no saber responder exactamente sobre lo que es la psicología, tampoco puede responder sobre lo que hace. Sólo puede justificarse en nombre de una eficacia que para el autor, es siempre discutible ya que está mal fundada: no hay pruebas de que se deba a la aplicación de una ciencia.
Plantea que en tanto el estatuto de la psicología no se haya establecido no se la debe considerar algo más o mejor que un empirismo codificado desde un punto de vista literario, con fines de enseñanza. Aunque el empirismo sea el principio de toda ciencia, por sí solo no basta para fundarla. La psicología, dice, “es una filosofía sin rigor” porque, bajo el pretexto de objetividad, es ecléctica; “es una ética sin exigencia”, porque asocia experiencias distintas sin ninguna crítica y, por último “una medicina sin control”, ya que funda su hipótesis en la observación de enfermedades que nunca llegan a ser inteligibles: las enfermedades mentales.
Después de esta definición negativa, el autor se esfuerza en demostrar no solo que la psicología está falta de identidad sino, además, que no tiene objeto: siempre está en busca de su unidad, tratando de buscar una solución al problema de la diversidad de psicologías y de la heterogeneidad de sus tendencias.
Al hacerlo, se refiere a las palabras pronunciadas por el psicoanalista Daniel Lagache en la Sorbonne cuando se hizo cargo de la cátedra de Psicología General en 1947 -en 1956 era el director de los estudios de Psicología. En su lección inaugural, llamada “La unidad de la psicología” (6), Lagache hace referencia a un comentario del psicólogo suizo Edouard Claparède (7), de 1936, que dice: “La multiplicidad de las psicologías plantea el problema de su unidad y muestra su retraso respecto a otras ciencias”. 
Para Lagache, la situación en los años cincuenta ya no es la misma que la citada por Claparède: la unidad de la psicología se puede encontrar en su definición posible como ciencia de la conducta (8), con lo que la antigua división entre psicología naturalista y psicología humanista, psicología experimental y psicología clínica quedaría obsoleta. La diversidad de los métodos no impediría el rigor científico, sino que más bien le serviría de garantía. Por ello, plantea que se debe unificar la rama de la psicología denominada “naturalista”, que comprende el behaviorismo y las teorías del aprendizaje, junto con la estadística y la experimentación, y la rama denominada “humana”, que reúne a la psicología y el psicoanálisis (9). A partir de esta idea, Lagache creará una licenciatura en psicología clínica y organizará el programa universitario correspondiente.
En su conferencia, Canghuilem responde a este programa. Plantea que el objeto de una ciencia no puede limitarse al campo específico de los problemas a resolver, sino que incluye también la intención y el objetivo del “sujeto de la ciencia, es decir el proyecto específico que constituye en sí mismo una conciencia teórica”. En consecuencia, cuestiona la defensa de la unidad de la psicología que hace Lagache; no ve que esa unidad venga dada por una misma esencia lógica, sino tan sólo un pacto entre los profesionales de distinta orientación que garantiza su coexistencia pacífica. De las dos tendencias entre las cuales Lagache intenta un acuerdo sólido, la psicología naturalista o experimental y la humanista o clínica, la segunda tiene un peso mayor: la psicología experimental no deja de ser una psicología animal porque opera con animales, y sólo puede ser llamada experimental en razón a su método.
Sin embargo –afirma-, una psicología recibe el nombre de clínica, sea psicoanalítica, social, etnológica… más por su objeto que por su método. Todas tienen un mismo objeto de estudio: el hombre, que se caracteriza por el lenguaje y la vida social. ¿Cómo se puede hablar en rigor de una teoría general de la conducta, en tanto no se haya definido al hombre, en tanto no se haya resuelto la cuestión de saber si hay continuidad o ruptura entre el lenguaje humano y el lenguaje animal, entre la sociedad humana y la sociedad animal?
Para dilucidar estas preguntas se requiere el concurso no sólo de la filosofía sino de diversas ciencias, entre ellas de la psicología. Mientras esto no se haya resuelto, la psicología no puede prejuzgar aquello que debe juzgar. Si lo hace, parte, aunque lo niegue, de una idea del hombre, idea que sin duda ha tomado de algún sitio, quizás –afirma- de la filosofía.
Como no es psicólogo, Canguilhem propone buscar una solución a la pregunta acerca de qué es la psicología por otra vía: la de investigar el proyecto de cada una de las psicologías y comprobar si es común a todas ellas. Para esto, esboza una historia de la psicología considerada en relación con la historia de la filosofía y con la historia de las ciencias. Divide esta historia en tres apartados: 1) La psicología como ciencia natural. 2) La psicología como ciencia de la subjetividad. 3) La psicología como ciencia de las reacciones el comportamiento.

1. La psicología como ciencia natural
Una parte de la psicología moderna, la psicofisiología y la psicopatología como disciplina médica, remonta directamente hasta los filósofos de la Antigüedad, momento en que se consideraba que la psicología era la ciencia del alma y, por tanto, no tenía un estatuto independiente, ya que el alma era un ser natural, la forma del cuerpo vivo, y por tanto, su estudio, la psicología, era un apartado de la fisiología en su sentido original de teoría de la Physis o de la naturaleza, tal como podemos ver en el tratado aristotélico Del alma. Para Canguilhem, el proyecto de que la psicología sea una ciencia natural la hace depender de la fisiología o de la medicina y, por tanto, le impide tener un estatuto independiente.

2. La psicología como ciencia de la subjetividad
En el siglo XVII el declive de la física aristotélica marca el final de este proyecto y el nacimiento de la psicología como ciencia de la subjetividad, que para el autor irá a parar también a un callejón sin salida, aunque lo hará en tres etapas.
En la primera etapa, la psicología como ciencia de la subjetividad se convierte en una física del sentido externo. Los verdaderos responsables del advenimiento de la psicología moderna fueron los físicos mecanicistas que introdujeron la distinción entre la realidad y los datos que nos ofrece la percepción. Para ellos, la realidad se obtiene a través de la reducción de las ilusiones de la experiencia cualitativa sensible, que a partir de ese momento cae en descrédito.
La psicología da cuenta entonces del sujeto pensante como fuente de error. Su proyecto es el de una ciencia que explique porque el espíritu engaña de entrada a la razón respecto a la realidad. Y para ello se convierte en una física, en el sentido moderno de cálculo. Como tal buscará determinar las constantes cuantitativas de la sensación y estudiará las relaciones entre esas constantes, según el procedimiento enunciado por Descartes en sus Reglas para la dirección del espíritu (1637). La psicofísica y la psicología experimental del siglo XIX, donde se ubican Fechner y Wundt, tienen en la física moderna su origen y condición, es decir, dependen de ella.
En la segunda etapa, la psicología como ciencia de la subjetividad se propone como una ciencia del sentido interno o ciencia de la conciencia de sí. Pretende fundarse en la filosofía, en las Meditaciones de Descartes (1641), concretamente en la segunda, cuyo título afirmaya que, contrariamente a lo que pensaban los aristotélicos, el alma puede conocerse directamente, sin mediación. Por ello se basan en la observación de sí y tienen como método la introspección. Sin embargo, malentienden la teoría porque la meditación cartesiana no es una confidencia personal. Cuando, al inicio de la “Meditación tercera”, Descartes considera su interior para conocerse mejor apunta al Pensamiento mismo. El yo del Cógito no es un yo personal, sino impersonal; tal como dice el filósofo: “Soy una cosa que piensa”.
No debemos confundir este yo con el de la observación de sí mismo que preconizan los espiritualistas del siglo XIX. Para Canguilhem, esta psicología es sólo un aprendizaje de la sabiduría espiritual y se reduce, en definitiva, a una especie de pedagogía.
En la tercera etapa, la psicología como ciencia de la subjetividad se convierte en una ciencia del sentido íntimo y toma la forma de una autobiografía, una “técnica del diario íntimo” tal como podemos ver en Maine de Biran. Se produce un desplazamiento del “yo pienso” cartesiano al “yo quiero” biraniano, que funda la conciencia para sí, contra la exterioridad. Esta psicología entiende la conciencia como un conflicto entre un poder y una resistencia. Por otro lado, el hombre es una organización viviente asistida por una inteligencia. El alma necesita encarnarse y, por lo tanto, no hay psicología sin biología. Por esta vía se introduce la medicina mental, es decir la psiquiatría (Pinel, Esquirol).
A través de Charcot, la psicopatología médica culmina finalmente en el psicoanálisis, que introduce la idea de que los procesos psíquicos son inconscientes, es decir, que la psicología no se reduce a ser la ciencia de la conciencia. Entonces cuando la psicología se propone como ciencia del sentido íntimo se ve por un lado suplantada por la psiquiatría vinculada a la medicina y, por otro, por el psicoanálisis que subvierte la noción misma de sentido íntimo al decir que lo psíquico no coincide con lo consciente.

3. La psicología como ciencia de las reacciones y del comportamiento
Al plantear definir el hombre como una organización viviente asistida por una inteligencia, Maine de Biran indicaba con anticipación el terreno donde se iba a constituir en el siglo XIX una nueva psicología pensada como una biología de la conducta humana, como una ciencia de las reacciones y el comportamiento.
Canguilhem sitúa tres razones de este acontecimiento: 1) La constitución de una biología como teoría general de las relaciones entre los organismos y los medios, que marca el final de la creencia en la existencia de un reino humano separado. 2) El desarrollo de un régimen industrial que se orienta hacia el carácter productivo de la especie humana y marca el final de la creencia en la dignidad del pensamiento especulativo. 3) El final de la creencia en los valores de privilegio social y la difusión del igualitarismo es el fundamento real de un fenómeno de las sociedades modernas como es el de la práctica generalizada del peritaje, como manera de determinar la competencia y detectar la simulación.
En los siglos XIX y XX, la psicología de la reacción y del comportamiento creyó poder independizarse al separarse de la filosofía, es decir de la especulación que persigue una idea del hombre más allá de los datos biológicos y sociológicos. Sin embargo, al apoyarse en la biología, la psicología se hace instrumento de la ambición de tratar al hombre como instrumento, lo que la lleva a ahogarse en los tests, los peritajes y los procedimientos de orientación y selección.
La pregunta ¿qué es la psicología? Lleva al autor a preguntarse: ¿a dónde quieren llegar los psicólogos al hacer lo que hacen? ¿En nombre de qué se instituyen como psicólogos? La psicología reposa entonces, para él, sobre un desdoblamiento que no es el de la conciencia, sino el que se produce entre una masa de “sujetos” y una élite corporativa de especialistas que se invisten ellos mismos de su propia misión.
La filosofía plantea a la psicología la siguiente pregunta: “Dígame hacia qué tiende usted y sabremos lo que es”. Pero Canguilhem, con humor, sugiere: el filósofo puede dirigirse al psicólogo y darle un consejo orientador -una vez no crea hábito- y decirle: “Cuando se sale de la Sorbonne por la calle Saint-Jacques se puede ascender o descender; si se asciende, uno se aproxima al Panteón que es el lugar donde están algunos grandes hombres; pero si se desciende, uno se dirige seguramente a la Prefectura de policía”. Esta es la cita que Lacan toma en 1966: “... La psicología ha descubierto los medios de sobrevivirse en los servicios que ofrece a la tecnocracia; o incluso como concluye con un humor verdaderamente swiftiano un artículo sensacional de Canguilhem: en una resbalada de tobogán desde el Panteón donde están enterrados los grandes hombres, aunque entre ellos no haya ningún psicólogo, a la prefectura de policía (10). Como vemos Lacan borra la posibilidad de alternativa presente en el texto de Canguilhem: los psicólogos nunca reposarán en el Panteón de los grandes hombres, sólo pueden deslizarse hacia una tecnología del peritaje. Ahí la psicología encuentra su lugar y su fracaso.

II. El sujeto del psicoanálisis
En un homenaje realizado a Canguilhem tras su muerte (11), Elizabeth Roudinesco explica que esta conferencia constituye una respuesta teórica y política a su amigo y colega Daniel Lagache, que está tratando de resucitar la idea de una psicología clínica, para favorecer la expansión del Laïenanalyse, es decir del psicoanálisis practicados por laicos, lo cual en la época quiere decir por no médicos.
Para Canguilhem, la extensión de los estudios de psicología amenaza con imponer una teoría del sujeto distinta de la cartesiana, que es la del sujeto de la ciencia: un sujeto pensante, calculador, analítico y racional. La teoría del sujeto de la psicología es una falsa teoría del sujeto pensante.
Si el sujeto del cógito inauguró la vía de la ciencia moderna, Lacan agregará en Subversión del sujeto que se necesitó este paso para que pudiera surgir el psicoanálisis, en tanto este último opera sobre el sujeto de la ciencia, entendiendo con ello no que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto cartesiano, sino que si la ciencia excluye la noción de subjetividad, el psicoanálisis opera sobre este sujeto que la ciencia excluye, forcluye (12).
(*) Referencia presentada en el Seminario del Campo Feudiano de Barcelona, consagrado a la lectura del escrito de J. Lacan “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsceinte freudiano”, en octubre de 2004.

Bibliografía:
1. J. Lacan. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el incosnciente freudiano” (1960). En: Escritos 2, pp. 774-775. México: Siglo XXI Editores.
2. S. Freud. “La escisión del yo en el proceso defensivo”. En: Obras Completas, vol. XXIII. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1984.
3. J. Lacan. En: “Posición del inconsciente” (1964). En: Escritos 2, op. cit., pp. 810-811.
4. G. Canguilhem. “Qu'est-ce que la psychologie” (1956), publicado primero en Revue de Métaphysique et de Morale 1, Paris, 1958. Se reeditó  en Cahiers pour la analyse 2, Paris, 1966. Actualmente se incluye en el volumen de G. Canguilhem, Études d'Histoire et de Philosophie des sciences. París: Vrin, 1968.
5. J. Lacan. “La ciencia y la verdad” (1966). En: Escritos, op. cit., p. 838.
6. D. Lagache. La unidad de la psicología. Barcelona: Paidós, 1986.
7. G. Claparède. “La psychologie fonctionnelle”. En:  Acta Psychologica (1936).
8. D. Lagache, op. cit. , p. 62.
9. Ibídem, p. 23.
10.  J. Lacan. “La ciencia y la verdad” (1965). En: Escritos 2, op. cit., p. 838.
11. E. Roudinesco. “Situation d'un texte: 'Qu’est-ce que la psychologie?”. En: VVAA. Georges Canguilhem. Actas du Colloque. Paris: Albin Michel, 1992.
12. J. Lacan. “La ciencia y la verdad”. En: Escritos 2, op. cit., p. 837.